Un ensayo clínico de fase IIa liderado por investigadores del Imperial College de Londres y la empresa Cybin UK ha demostrado que el dimetiltriptamina (DMT) —el principio activo de la ayahuasca— reduce significativamente la severidad de la depresión en comparación con placebo, con efectos que se mantienen hasta seis meses después de la administración en algunos participantes.

El estudio, publicado recientemente, incluyó a 34 personas diagnosticadas con depresión. Los participantes tratados con DMT mostraron reducciones notablemente mayores en las escalas de severidad depresiva que el grupo placebo, un hallazgo que refuerza el creciente interés científico por los psicodélicos de acción corta como alternativa terapéutica.

Lo que distingue al DMT de otras sustancias psicodélicas utilizadas en terapia —como la psilocibina o el LSD— es la brevedad de su experiencia. Mientras que una sesión con psilocibina puede durar entre cuatro y ocho horas, la experiencia inducida por DMT se completa en cuestión de minutos, lo que podría traducirse en tratamientos más accesibles, con menor carga para el paciente y para el sistema sanitario, y a un coste significativamente inferior.

Los investigadores señalan que este perfil podría ofrecer beneficios terapéuticos similares a los de otros psicodélicos clásicos pero con una logística más manejable para entornos clínicos. La reducción del tiempo de sesión también facilitaría la supervisión terapéutica y abriría la puerta a un mayor número de pacientes tratados por unidad de tiempo en clínicas especializadas.

La seguridad del compuesto fue comparable a la del placebo, con cambios autonómicos transitorios como los efectos adversos más frecuentes, un patrón que coincide con lo observado en estudios previos con otros psicodélicos. Los autores reconocen que se trata de una muestra pequeña y que se necesitan ensayos más amplios para confirmar estos resultados antes de cualquier aplicación clínica generalizada.

El hallazgo se enmarca en una ola de investigación que está reposicionando a la molécula más conocida del chamanismo amazónico como un candidato serio para la psiquiatría moderna. Junto con los avances en psilocibina y la nueva generación de análogos del MDMA, el DMT añade otra pieza a un ecosistema terapéutico que ya no puede ser ignorado por la medicina convencional.