Un equipo de investigadores ha conseguido modificar genéticamente la planta Nicotiana benthamiana —pariente del tabaco ampliamente utilizada en biotecnología— para que produzca de forma simultánea cinco compuestos psicoactivos: psilocibina, psilocina, DMT, bufotenina y 5-metoxi-DMT (5-MeO-DMT). Los resultados fueron publicados en abril de 2026 en la revista Science Advances.

La hazaña implica la introducción en la planta de genes responsables de las rutas biosintéticas de cada una de estas moléculas, que en la naturaleza se encuentran en organismos muy distintos: la psilocibina y la psilocina en ciertos hongos; el DMT en numerosas plantas tropicales; y la bufotenina y el 5-MeO-DMT en el sapo del desierto de Sonora (Incilius alvarius), famoso por secretar estas sustancias a través de sus glándulas parótidas.

El objetivo no es crear una planta psicodélica de uso recreativo, sino establecer una plataforma de producción escalable que permita obtener grandes cantidades de estas moléculas para investigación farmacológica y desarrollo de medicamentos, sin depender de la extracción de fuentes naturales escasas o de síntesis química compleja y costosa.

La producción de psilocibina a escala es uno de los cuellos de botella actuales en el avance de la terapia psicodélica. Con varios ensayos clínicos de fase 3 en marcha y la FDA considerando su aprobación para la depresión resistente al tratamiento, la demanda de psilocibina de grado farmacéutico podría dispararse en los próximos años. Disponer de sistemas de producción biológica eficientes sería fundamental para hacer la terapia accesible y asequible.

El caso del 5-MeO-DMT ilustra aún mejor el problema de sostenibilidad que el enfoque biotecnológico pretende resolver: la creciente demanda de esta molécula para uso terapéutico ha generado presiones sobre las poblaciones de sapo del desierto de Sonora, en algunos casos llegando a prácticas de captura masiva que amenazan su conservación. Una fuente vegetal controlada eliminaría ese impacto ecológico.

El trabajo representa un paso significativo hacia la «biofabricación» de psicodélicos, un campo emergente que combina ingeniería metabólica, biología sintética y farmacología con el potencial de transformar la cadena de suministro de la futura medicina psicodélica.