Un estudio representativo a nivel nacional publicado por el think tank RAND en enero de 2026 revela que aproximadamente 10 millones de adultos estadounidenses practicaron el microdosing con psilocibina, LSD o MDMA en 2025, convirtiéndolo en un fenómeno de salud pública de primera magnitud que ya no puede ignorarse.
El informe, basado en encuestas probabilísticas —el método más riguroso para estimar prevalencia poblacional—, amplía considerablemente las estimaciones anteriores. En total, más de 11 millones de adultos consumieron psilocibina en 2025, convirtiéndola en el psicodélico más usado. Le siguen MDMA (4,7 millones), Amanita muscaria (3,5 millones), ketamina (3,3 millones) y LSD (3 millones).
El auge del microdosing
El microdosing consiste en consumir dosis subperceptuales de psicodélicos —generalmente entre un 5% y un 10% de una dosis recreativa— con el objetivo de mejorar el estado de ánimo, la concentración y la creatividad sin experimentar efectos psicodélicos completos. La práctica se ha popularizado especialmente en entornos profesionales de tecnología, artes creativas y entre personas que buscan alternativas a los antidepresivos convencionales.
Sin embargo, la evidencia científica sobre sus beneficios sigue siendo mixta. Algunos estudios preliminares reportan efectos positivos sobre la salud mental y el bienestar, mientras que otros —incluidos ensayos controlados con placebo— no encuentran diferencias significativas respecto al placebo. Los investigadores señalan que el efecto placebo puede ser especialmente fuerte en este contexto, dado el alto nivel de expectativas que traen los participantes.
Implicaciones regulatorias y clínicas
Las cifras del estudio RAND tienen implicaciones directas para el debate regulatorio. La FDA ha concedido el estatus de Terapia Revolucionaria a varios compuestos basados en psilocibina, LSD y MDMA para el tratamiento de diversas condiciones psiquiátricas. Con millones de personas ya experimentando con estas sustancias por su cuenta, los expertos argumentan que la regulación —con sus estándares de seguridad, controles de calidad e información sobre interacciones medicamentosas— es más urgente que nunca.
Los cinco psicodélicos más utilizados en 2025 —psilocibina, MDMA, Amanita muscaria, ketamina y LSD— representan un espectro muy diverso de mecanismos de acción, duraciones de efecto y perfiles de riesgo. La ketamina es el único de ellos aprobado actualmente por la FDA para uso clínico (en forma de esketamina intranasal para la depresión resistente al tratamiento).
La próxima generación de tratamientos psicodélicos —denominada neuroplastógenos— busca reproducir los efectos terapéuticos de estos compuestos sin los efectos alteradores de la conciencia, lo que simplificaría enormemente su integración en la práctica clínica convencional.
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Fuente: RAND Corporation / Medscape