Una madre que acaba de dar a luz y se hunde en una depresión posparto grave tiene, hoy, opciones malas. Los antidepresivos tardan hasta seis semanas en hacer efecto y su perfil de seguridad durante la lactancia sigue poco estudiado. El único fármaco intravenoso aprobado por la FDA para casos severos, la brexanolona, exige hospitalización de 60 horas, separación del recién nacido, interrupción de la lactancia y un precio de lista que rondó los 34.000 dólares sin contar los costos hospitalarios.
«Me parece profundamente poco ético que esto sea lo que tenemos para ofrecerle a madres que la están pasando mal», dice Melissa Whippo, trabajadora social clínica y fundadora de Deva Collective, una organización sin fines de lucro del Área de la Bahía dedicada a la medicina psicodélica en salud de la mujer.
Un estudio pionero con ketamina intramuscular
Deva Collective anunció el lanzamiento de un estudio de psicoterapia asistida con ketamina para mujeres con depresión posparto, el primero de su tipo. La organización está en la etapa de revisión bibliográfica y preparación de la propuesta ante el comité de ética institucional (IRB).
La apuesta por la vía intramuscular no es casual. El Spravato, el espray nasal de esketamina aprobado por la FDA y cubierto por muchas aseguradoras, tiene la lactancia como contraindicación explícita por falta de datos de seguridad. La ketamina intramuscular, en cambio, sí fue estudiada específicamente en mujeres lactantes: los datos existentes muestran que sus niveles en la leche materna caen a cantidades insignificantes dentro de las 12 horas posteriores a la administración. Whippo es coautora de ese trabajo.
En su práctica clínica, dice, ya vio funcionar el tratamiento: «Las pacientes posparto que reciben ketamina no necesitan mucha. La experiencia con la medicina tiende a ser lo bastante potente como para mover algo, y después la terapia puede trabajar con ese cambio».
La magnitud del problema
La depresión posparto afecta a casi 1 de cada 8 mujeres en Estados Unidos tras el parto, según los CDC; a escala global la cifra sube a 1 de cada 5. Pese a esa prevalencia, los NIH estiman que hasta el 50% de los casos queda sin diagnosticar por estigma y por reticencia a reportar síntomas. Sin tratamiento, la condición se cronifica: una revisión sistemática de 2022 encontró que hasta el 40% de las madres reportaba depresión entre uno y doce años después del parto.
San Pedro, perimenopausia y un vacío de financiamiento
La organización también obtuvo aprobación del IRB para su estudio sobre microdosis de cactus San Pedro en mujeres en transición perimenopáusica —»Actitudes, opiniones y experiencias de mujeres perimenopáusicas que microdosifican San Pedro»—, uno de los primeros de su tipo en Estados Unidos. Tardó dos años en ser aprobado, en parte porque el San Pedro contiene mescalina, sustancia de Lista I. La encuesta permanece abierta hasta septiembre.
El obstáculo principal, según Whippo, es el dinero. «Necesitamos fondos. Estoy cansada de pedirles a otras mujeres que trabajen gratis». El contexto no ayuda: aunque el presupuesto general de los NIH creció casi 100% en la última década, el financiamiento específico para salud de la mujer subió apenas un 11% y representa entre el 8,8% y el 10,8% del total, según un informe de 2024 de las Academias Nacionales de Ciencias.
Sin investigación revisada por pares, la ketamina intramuscular para el posparto sigue clasificada como tratamiento experimental, lo que deja a las aseguradoras sin base clínica para cubrirla. Traducido: solo accede quien puede pagarlo de su bolsillo.
Foto: dino olivieri, licencia CC BY-SA.
Fuente: DoubleBlind Mag