Una exhaustiva revisión sistemática publicada en la revista Current Treatment Options in Psychiatry ha analizado la eficacia, seguridad y tolerabilidad de siete sustancias psicodélicas —ketamina, MDMA, ayahuasca, LSD, DMT, ibogaína y psilocibina— en el tratamiento del trastorno de estrés postraumático (PTSD). De los 5.155 estudios identificados inicialmente, 42 cumplieron los criterios de inclusión, conformando el análisis más completo realizado hasta la fecha sobre este campo.
Las conclusiones apuntan a que, si bien el nivel de evidencia varía según la sustancia, el conjunto de los datos respalda el potencial terapéutico de este grupo de compuestos para el PTSD, una condición que afecta a millones de personas en todo el mundo y para la que los tratamientos farmacológicos convencionales ofrecen una eficacia limitada.
La ketamina destaca por producir mejoras rápidas en los síntomas que se mantienen cuando el tratamiento se repite o se combina con psicoterapia. Los estudios con MDMA mostraron mejoras «sustanciales y duraderas» en los síntomas de PTSD, resultado que encaja con la extensa base de datos generada por MAPS (Asociación Multidisciplinaria de Estudios Psicodélicos) en sus ensayos de fase 3, aunque la FDA rechazó la aprobación del MDMA en 2024 solicitando datos adicionales.
Para ayahuasca, DMT, LSD, ibogaína y psilocibina, los datos son todavía preliminares pero consistentemente positivos, con un perfil de tolerabilidad favorable. Los efectos adversos más frecuentes en todos los grupos fueron cambios autonómicos transitorios —alteraciones en la frecuencia cardíaca y la presión arterial— que se resolvieron sin complicaciones mayores.
Los autores subrayan que el tamaño de las muestras en la mayoría de los estudios sigue siendo pequeño y que la heterogeneidad metodológica dificulta las comparaciones directas entre sustancias. Sin embargo, el consenso que emerge de la revisión es que los psicodélicos representan una familia de tratamientos prometedores que merecen investigación prioritaria y recursos suficientes para ensayos más amplios y rigurosos.
El trabajo llega en un momento en que la investigación psicodélica recibe un apoyo político y regulatorio sin precedentes en Estados Unidos, con la FDA acelerando la revisión de solicitudes para psilocibina y análogos del MDMA. La revisión sistemática añade una capa de solidez científica colectiva que refuerza la dirección que están tomando las agencias regulatorias.