Alrededor del 11 % de los adultos en Estados Unidos toma hoy algún medicamento GLP-1 para bajar de peso, y cada vez son más quienes, además, consumen psicodélicos. De esa superposición empiezan a surgir reportes anecdóticos inquietantes: inicio retrasado del efecto, una experiencia más débil o impredecible. El neurocientífico Ali D. Güler, de la Universidad de Virginia, conversó con la revista The Microdose sobre lo que su laboratorio descubrió al mapear los receptores de GLP-1 en el cerebro, y sobre qué tan plausibles son esas interacciones con los psicodélicos.
Un medicamento metabólico que también actúa sobre el cerebro
Los fármacos GLP-1 se desarrollaron originalmente para la diabetes; que las personas comieran menos era, al principio, un «efecto secundario» que terminó por volverse el producto estrella. El laboratorio de Güler investiga receptores GLP-1 humanizados en distintas regiones del cerebro de roedores para entender, más allá del intestino, cómo actúan directamente sobre el sistema nervioso central.
Por qué el efecto psicodélico tardaría más en llegar
Sobre los reportes de un inicio retrasado del viaje psicodélico en personas que toman GLP-1, Güler explicó que la hipótesis más sencilla es farmacocinética: estos medicamentos enlentecen el tracto digestivo, de modo que una sustancia tomada por vía oral, como la psilocibina, tarda más en absorberse, llega en oleadas más extendidas y con un pico probablemente menor. Por eso algunos terapeutas en retiros grupales reportan que las personas medicadas con GLP-1 tienen más dificultad para «entrar» de lleno al viaje, y algunos han empezado a remojar los hongos en jugo de limón o vinagre, la llamada «técnica del limón», para acelerar la conversión de psilocibina en psilocina, el compuesto activo que cruza la barrera hematoencefálica.
Tres regiones cerebrales, tres tipos de apetito
El hallazgo central del equipo de Güler, publicado en Nature, identificó tres regiones del cerebro con receptores GLP-1 que cumplen funciones distintas: el tronco encefálico reduce tanto el consumo de una dieta estándar como el de alimentos ricos en grasa, el hipotálamo regula el apetito homeostático, es decir, la necesidad básica de comer, y la amígdala central, el centro del miedo y las emociones, afecta específicamente el consumo de alimentos de recompensa, en parte al inhibir la liberación de dopamina frente a una comida apetitosa.
Una pregunta sin estudios todavía
Para Güler, la posibilidad de que el GLP-1 module cómo se procesa una experiencia psicodélica es plausible, aunque no necesariamente por una interacción farmacológica directa: si el cuerpo está constantemente en cierto estado metabólico o mental, es probable que procese las recompensas de forma distinta, explicó, comparándolo con mirar un helado con hambre o con el estómago lleno. Hasta ahora no existe ningún estudio que haya puesto a prueba esta combinación de forma controlada, por lo que cualquier ajuste de dosis o de medicación debería conversarse primero con un profesional de la salud. El cruce entre ambas industrias no es solo biológico: Eli Lilly, uno de los grandes fabricantes de fármacos GLP-1, sumó este año psicodélicos a su cartera con la compra de AtaiBeckley, otro indicio de que ambos mundos ya conviven. Para más contexto sobre estos mecanismos puede consultarse la guía completa de psicodélicos de este portal.