«La mayoría de las personas en el movimiento psicodélico nunca conoció a un anciano mazateco, y sin embargo hablan con seguridad sobre lo que necesita mi comunidad». Con esa frase arranca el ensayo de una socióloga e historiadora mazateca de Huautla de Jiménez, Oaxaca, que coordina la Iniciativa de Reciprocidad Indígena de las Américas (IRI), un programa del Instituto Chacruna que busca poner en cuestión la reciprocidad indígena dentro del mundo psicodélico.
El peso de 70 años de romantización
Huautla de Jiménez es, desde hace siete décadas, un punto de referencia obligado para cualquiera interesado en los hongos sagrados y en la figura de María Sabina. La autora sostiene que el movimiento psicodélico y la ciencia psicodélica existen, en buena medida, gracias a un conocimiento que los pueblos indígenas aportaron, muchas veces sin haberlo consentido ni haber recibido nada a cambio. Apoyándose en autoras como Linda Tuhiwai Smith y en el filósofo Enrique Dussel, la autora traza una línea directa entre la investigación occidental sobre plantas sagradas y las lógicas de extracción que, según ella, siguen operando bajo un lenguaje científico o espiritual.
Un universo más allá de la psilocibina
La tradición mazateca, explica, es un universo de conocimiento ancestral del que los hongos sagrados son solo una parte. Reducir esa biocultura a una sola molécula y a una historia sensacionalista sobre su descubrimiento es, para la autora, una deuda histórica todavía abierta. La mayoría de las personas indígenas, agrega, ni siquiera conoce lo que es «el movimiento psicodélico»: su prioridad cotidiana es la subsistencia, no ocupar un lugar en una escena que observan desde afuera.
Romper el relato mesiánico
El ensayo cuestiona directamente la idea de que los pueblos indígenas y las plantas sagradas van a «salvar a la humanidad», y menciona como ejemplo la orden ejecutiva de 2026 del presidente de Estados Unidos que impulsó investigación federal sobre la ibogaína junto a una inversión de 50 millones de dólares en estudios psicodélicos a nivel estatal. Para la autora, ese tipo de iniciativas rara vez benefician de manera directa a los territorios donde se originan estas plantas y sus conocimientos, y pueden intensificar la violencia simbólica sobre ellas al reducirlas a sustancias que resolverán los problemas del mundo moderno sin atender su causa real.
Reciprocidad basada en poder, no en romance
La autora insiste en que la reciprocidad no puede construirse sobre el romanticismo, sino sobre un análisis honesto de las relaciones de poder tanto dentro de la escena psicodélica como dentro de los territorios indígenas. Lanzada en 2021, la Iniciativa de Reciprocidad Indígena trabaja junto a comunidades de las Américas en proyectos liderados por ellas mismas, bajo sus propias prioridades. «Si la reciprocidad significa algo, significa que los pueblos indígenas lideren la conversación sobre su propio futuro, y no que sean presentados como su inspiración», concluye el texto.
Para conocer más sobre el papel de los pueblos indígenas en la historia de los psicodélicos, puede consultarse la guía completa de psicodélicos de este sitio. También puede interesar: la historia de María Sabina, la curandera mazateca que abrió al mundo la puerta de los hongos sagrados.
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Imagen: «Museo Textil de Oaxaca» por nan palmero, licencia BY.
Fuente: Chacruna Institute