A medida que la terapia asistida con psicodélicos se acerca a su aprobación regulatoria en distintos países, una pregunta gana peso en la comunidad científica: ¿qué hace bueno a un terapeuta psicodélico? Según un artículo publicado por la organización holandesa OPEN Foundation, la respuesta tiene menos que ver con la sustancia en sí y mucho más con la preparación, el entorno y la relación terapéutica que construye quien acompaña la sesión.

Más allá de la sustancia

Una revisión sistemática de 54 ensayos clínicos, realizada por Viljoen y colegas en 2025, encontró que la intensidad de la experiencia aguda —en particular las experiencias de tipo místico— predice de forma consistente la respuesta terapéutica, aunque no en todos los trastornos ni en todos los momentos de evaluación. Esa intensidad, lejos de depender solo de la dosis, está moldeada activamente por quien conduce la sesión: la preparación previa, el diseño del entorno, la presencia del terapeuta y el manejo de las expectativas del paciente.

La alianza terapéutica, poco medida

Pese a su importancia reconocida en la psicoterapia tradicional, la alianza entre terapeuta y paciente está poco estudiada en los ensayos con psicodélicos. Una encuesta reciente a 158 terapeutas, también dirigida por Viljoen, identificó esa alianza como el predictor más fuerte de buenos resultados a largo plazo, junto con el apoyo social del paciente, su apertura y su estilo de apego. El artículo también describe la co-terapia —dos profesionales acompañando juntos el proceso— como una práctica que mejora la seguridad y la confianza, aunque exige gestionar con cuidado las relaciones múltiples que se generan en la sala.

Cinco competencias para formar terapeutas

Un programa universitario canadiense, desarrollado por Dames y colegas y refinado durante cuatro años con retroalimentación de estudiantes, docentes y custodios de conocimiento cultural indígena, propone cinco competencias centrales: presencia terapéutica, cultura e identidad, alfabetización regulatoria, conocimiento clínico y un proceso informado por el trauma. Según los autores, estas competencias abarcan tanto el saber técnico como la forma de estar presente con el paciente.

Una formación que todavía no es pareja

Es una de las preguntas más debatidas en el campo: ¿hace falta haber probado psicodélicos para ser terapeuta? Según una revisión de Villiger de 2024, la evidencia disponible no respalda exigir experiencia psicodélica personal como requisito para ejercer; puede resultar valiosa si el terapeuta la elige por su cuenta, pero también implica el riesgo de que su propia experiencia se convierta en el único lente desde el cual interpreta las de sus pacientes. El artículo advierte además que la calidad de la oferta formativa varía mucho de un programa a otro y que, hasta ahora, no existen estándares de certificación compartidos ni una lista de competencias básicas acordada por el sector, aunque la demanda de formación ya supera a la oferta disponible. Para conocer cómo otros países europeos preparan el terreno regulatorio para este tipo de terapias, puede leerse nuestra nota sobre cómo Europa prepara el acceso a la terapia psicodélica antes de que lleguen las aprobaciones.

Fuente: OPEN Foundation