Un número creciente de atletas de élite ha comenzado a explorar el uso de psicodélicos —desde la microdosis de psilocibina hasta el LSD— con la esperanza de mejorar su rendimiento. Lo que comenzó como rumores en vestuarios se ha convertido en una conversación pública que merece análisis riguroso.

¿Qué dicen los atletas?

Deportistas de diversas disciplinas —desde surfistas profesionales hasta ultramaratonistas— han declarado públicamente haber utilizado psicodélicos como parte de su preparación. Sus testimonios coinciden en varios puntos: mayor concentración, mejor gestión del dolor, recuperación emocional más rápida y una conexión más profunda con el cuerpo durante el ejercicio.

Algunos describen alcanzar estados de «flujo» con mayor facilidad tras sesiones psicodélicas: ese estado de inmersión total donde el rendimiento parece surgir sin esfuerzo. Otros destacan beneficios fuera de la competición: procesamiento de trauma deportivo, superación del miedo al fracaso y mejora del sueño.

La ciencia, por detrás de los testimonios

El problema es que la evidencia científica sobre psicodélicos y rendimiento atlético es todavía muy escasa. La mayoría de los estudios existentes se centran en beneficios terapéuticos para condiciones como la depresión o el TEPT, no en optimización deportiva. No existe ningún ensayo clínico diseñado específicamente para medir el impacto de la psilocibina en el rendimiento físico.

Lo que sí sabemos es que los psicodélicos actúan sobre el sistema serotoninérgico y pueden modificar la percepción del esfuerzo y la fatiga. También inducen estados de alta neuroplasticidad que podrían facilitar el aprendizaje motor. Pero extrapolarse a un beneficio neto en el deporte de élite es un salto especulativo.

Los riesgos ignorados

El entusiasmo ha opacado los riesgos. Entrenar bajo los efectos de sustancias que alteran la percepción es claramente peligroso. Incluso el uso fuera del entrenamiento puede generar episodios de ansiedad o despersonalización que interfieran con el rendimiento. Desde el punto de vista regulatorio, la mayoría de los psicodélicos siguen siendo ilegales y algunas organizaciones deportivas ya los incluyen en sus listas de sustancias prohibidas.

Una conversación necesaria

Lo que esta tendencia revela es la necesidad de investigación rigurosa y diálogo abierto entre deportistas, médicos y reguladores. Si los atletas están usando estas sustancias de todos modos, la negación o el silencio no es la respuesta. La ciencia debe ponerse al día con la realidad del deporte moderno.