¿Cómo consigue una sustancia alterar de forma tan drástica la conciencia? Un nuevo trabajo publicado en PLOS Computational Biology combina escáneres cerebrales y modelos por ordenador para mostrar que el LSD aumenta la sincronización global del cerebro y difumina la frontera entre la percepción sensorial y el pensamiento abstracto.

El equilibrio entre acelerador y freno

El funcionamiento cerebral sano depende de un delicado balance entre neuronas excitatorias, que empujan a otras a activarse, y neuronas inhibidoras, que actúan como freno y mantienen el orden. Los trastornos mentales suelen implicar patrones de pensamiento rígidos; los psicodélicos parecen inducir el efecto contrario, aportando una flexibilidad temporal a la actividad cerebral.

Modelos por ordenador y resonancia

Como medir ese equilibrio químico directamente en un cerebro vivo es muy difícil, el equipo de Lingyu Zhang, de la Universidad de Correos y Telecomunicaciones de Pekín, recurrió a la modelización computacional. Partió de datos de un pequeño estudio con 15 adultos sanos que se sometieron a resonancia magnética funcional en dos días distintos: uno tras recibir un placebo y otro tras una dosis intravenosa de LSD.

Un cerebro más sincronizado

Bajo placebo, el cerebro saltaba con fluidez entre estados especializados, unos dedicados a procesar información sensorial y otros a la red neuronal por defecto, ligada a la introspección y el sentido del yo. Con LSD, la dinámica cambió profundamente: en lugar de operar en redes separadas, todo el cerebro tendía a activarse de forma unificada. Ese estado de gran sincronía global actuaba como un imán que alejaba al cerebro de sus rutinas compartimentadas.

Bajar el volumen sensorial, subir el abstracto

El modelo reveló que el LSD altera el equilibrio químico de manera desigual. En las áreas sensoriales y motoras, el freno inhibidor se reforzaba con fuerza, debilitando el anclaje del cerebro a los estímulos externos. En las regiones asociativas, dedicadas al pensamiento abstracto, ocurría lo contrario. Al nivelar ambos extremos, las fronteras que separan la percepción concreta de la cognición abstracta empiezan a disolverse, algo que coincide con las experiencias subjetivas descritas por los usuarios, como la disolución del yo.

La huella de la serotonina

El mapa de cambios estimado por el modelo se solapaba estrechamente con la distribución conocida de los receptores de serotonina 5-HT2A y de glutamato. Los autores reconocen limitaciones: la muestra era muy pequeña, el análisis se centró solo en la corteza y dejó fuera estructuras profundas como el tálamo, clave en el efecto de los alucinógenos. Harán falta estudios más amplios para confirmar estos resultados.

Fuente: PsyPost

Imagen: jurvetson vía Openverse (CC BY 2.0).