Cuando Rick Doblin fundó MAPS en 1986, era un joven activista con una visión que muchos consideraban utópica: demostrar científicamente que las sustancias psicodélicas podían ser medicinas válidas y obtener la aprobación regulatoria de las mismas. Cuatro décadas después, ese objetivo está más cerca de cumplirse que nunca, y Doblin ha dejado el timón de la organización que creó para que otros lleven la travesía a su destino.

El hombre detrás de MAPS

La historia de Rick Doblin es en muchos sentidos la historia del movimiento psicodélico moderno. Estudiante de psicología en los años ochenta, su experiencia personal con el MDMA lo convenció de que estas sustancias tenían un potencial terapéutico genuino que merecía ser investigado con rigor científico. En un contexto de «guerra contra las drogas», esta convicción requería una determinación extraordinaria.

Doblin eligió la vía más larga pero más sólida: someter los psicodélicos al escrutinio de los ensayos clínicos controlados y buscar la aprobación de la FDA y organismos equivalentes. Renunció a atajos, rechazó la clandestinidad y construyó puentes con el establishment científico y regulatorio.

Los logros que nadie puede quitarle

Bajo su liderazgo, MAPS financió y coordinó los primeros ensayos clínicos de Fase 3 de MDMA para el TEPT. Estableció un programa de formación de terapeutas. Recaudó más de 150 millones de dólares de donantes privados. Construyó alianzas con legisladores, académicos y medios en todo el mundo.

El hecho de que el gobierno de Trump —muy diferente del tipo de administración que Doblin imaginó como aliada— esté invirtiendo en investigación psicodélica es, paradójicamente, parte del legado de MAPS.

Las sombras y las críticas

El legado de Doblin no está exento de controversias. Algunos activistas critican que MAPS priorizó el modelo farmacéutico sobre enfoques más comunitarios y accesibles. Y la pregunta del acceso equitativo —¿quién podrá costear las terapias que MAPS hizo posibles?— sigue sin respuesta satisfactoria.

El futuro sin Doblin

MAPS afronta ahora el desafío de toda institución construida alrededor de una figura fundadora: demostrar que puede prosperar más allá de esa persona. Con el respaldo político más favorable en décadas y el mayor financiamiento de su historia, las condiciones son favorables. El futuro que Doblin imaginó existe ahora como posibilidad real. Construirlo es la tarea de la siguiente generación.