En el epicentro del boom psicodélico late una pregunta que muchos prefieren ignorar: ¿quién es el dueño de estos conocimientos? Las comunidades indígenas que durante generaciones han cultivado el saber sobre plantas sagradas observan con creciente alarma cómo ese conocimiento se convierte en propiedad intelectual de empresas occidentales.

Patentes sobre lo sagrado

Desde 2015, el número de patentes relacionadas con sustancias psicodélicas ha crecido de manera exponencial. Empresas como Compass Pathways han patentado formas específicas de psilocibina y protocolos de administración que incorporan elementos derivados —directa o indirectamente— de prácticas indígenas milenarias.

El caso más emblemático fue la patente de Compass sobre una forma de cristal de psilocibina y ciertos métodos de tratamiento. Aunque técnicamente la empresa patentó modificaciones específicas y no la sustancia en sí, el debate que generó mostró las tensiones profundas entre la lógica de propiedad intelectual y el concepto indígena del conocimiento como bien común.

La respuesta de las comunidades indígenas

Las organizaciones que representan a pueblos como los mazatecos de Oaxaca, los shipibos del Amazonas o los Wixaritari de Jalisco han sido inequívocas: el conocimiento sobre sus plantas sagradas no puede ser propiedad de nadie. Su transmisión intergeneracional forma parte de un contrato cultural y espiritual que no puede ser capturado por el derecho de patentes occidental.

Varias organizaciones han presentado oposiciones formales a patentes específicas y han llamado a la creación de «defensas del dominio público» que impidan la apropiación del conocimiento tradicional.

Las herramientas legales disponibles

El derecho internacional ofrece algunas herramientas, aunque imperfectas: el Convenio sobre Diversidad Biológica, el Protocolo de Nagoya y la Declaración de Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas establecen principios de consentimiento previo e informado y distribución equitativa de beneficios. Pero la implementación es débil y desigual.

La conferencia Psychedelic Culture 2026 dedicó sesiones enteras a explorar marcos alternativos: pools de patentes comunitarias, licencias abiertas y fondos de reparación. La conversación es urgente porque lo que no se protege ahora puede perderse para siempre.