El veneno del sapo Bufo alvarius, conocido en círculos psicodélicos como «el medicamento del sapo» o «Bufo», ha ganado una popularidad extraordinaria en la última década. Se presenta habitualmente como una medicina ancestral indígena de tradición milenaria. Investigadores de Chacruna Institute han publicado un análisis que desmonta ese relato: la práctica de fumar veneno de sapo no es ancestral. Es una invención reciente.
Los hechos históricos
El sapo Bufo alvarius habita en el desierto de Sonora, en la frontera entre México y Arizona. Su veneno contiene 5-MeO-DMT, uno de los psicodélicos más potentes conocidos. Sin embargo, no existe evidencia arqueológica, etnobotánica ni antropológica de que las comunidades indígenas de la región utilizaran este veneno como medicina ritual antes del siglo XX.
Según la investigación de Chacruna, la práctica de fumar el veneno cristalizado parece haber sido documentada por primera vez en los años ochenta, en el contexto de los movimientos psicodélicos californiano y neomexicano. La publicación de Albert Most en 1983 «Bufo alvarius: The Psychedelic Toad of the Sonoran Desert» es señalada como punto de origen de la práctica moderna.
La construcción de una narrativa
Lo que siguió fue la construcción gradual de una narrativa de autenticidad ancestral. Facilitadores occidentales comenzaron a presentar la práctica como una ceremonia indígena tradicional, incorporando elementos rituales de diversas culturas americanas para crear un marco de legitimidad espiritual.
Esta apropiación cultural tiene consecuencias concretas: daña a las comunidades indígenas cuya identidad se usa sin consentimiento, crea falsas expectativas sobre la «autenticidad» de la experiencia, y dificulta la regulación informada de una práctica con riesgos reales.
Los riesgos ocultos
El 5-MeO-DMT es extraordinariamente potente. Las sobredosis, las crisis psicológicas y los accidentes en sesiones no supervisadas han causado muertes documentadas. La narrativa de «medicina ancestral» crea una falsa sensación de seguridad que puede costar la vida.
El llamado de Chacruna es claro: el 5-MeO-DMT merece ser investigado y potencialmente integrado en marcos terapéuticos rigurosos. Pero esto debe hacerse con honestidad sobre sus orígenes y sus riesgos, no con mitología fabricada.