La ayahuasca lleva dos décadas expandiéndose por Europa, pero apenas existen datos sobre quiénes la consumen fuera de la Amazonía y en qué estado de salud se encuentran. Un nuevo estudio publicado en el Journal of Psychoactive Drugs aporta la primera radiografía de los participantes portugueses en ceremonias con la bebida amazónica.
Qué se midió
El trabajo, enmarcado en la serie Ayahuasca and Public Health, consistió en una encuesta transversal en línea a 203 adultos portugueses que habían participado en ceremonias de ayahuasca. El cuestionario recogió estado de salud percibido, hábitos de vida, prevalencia de enfermedades crónicas y bienestar psicosocial.
El resultado principal: los participantes se perciben con una salud buena o muy buena y presentan tasas de enfermedad crónica y de obesidad inferiores a las de la población general portuguesa.
Un dato que hay que leer con cuidado
Es tentador leer estos números como prueba de que la ayahuasca mejora la salud. No lo son, y los propios autores lo saben. Se trata de un estudio observacional y transversal: fotografía un momento, no sigue a nadie en el tiempo, y no puede establecer causalidad en ninguna dirección.
Hay además un problema clásico en este tipo de investigación, el sesgo de autoselección. Las personas que se apuntan a una ceremonia de ayahuasca en Portugal —que implica viajar, pagar, prepararse con dietas restrictivas y a menudo abstenerse de alcohol y de ciertos alimentos durante días— no son una muestra aleatoria de la población. Suelen ser personas con mayor interés previo por la salud, la alimentación y la introspección, y con un nivel socioeconómico que permite costear la experiencia. Esa población tendería a mostrar mejores indicadores metabólicos con o sin ayahuasca.
A eso se suma que la muestra se reclutó en línea y que los datos son autorreportados, sin verificación clínica.
Por qué importa igual
Con esas salvedades, el estudio cubre un vacío real. Portugal es un país con una política de drogas históricamente pionera —descriminalizó la posesión para consumo personal en 2001— y con una comunidad ayahuasquera activa, pero sin datos epidemiológicos sobre ella. Saber quién participa, con qué frecuencia y en qué condiciones de salud es el primer paso para cualquier discusión seria sobre regulación, seguridad y reducción de riesgos.
La serie Ayahuasca and Public Health viene construyendo desde hace años este tipo de mapas en distintos países. La lógica es sencilla: antes de preguntarse si la ayahuasca cura algo, conviene saber quién la está tomando y qué le pasa. En un contexto europeo donde el uso ceremonial crece mucho más rápido que el marco legal que lo ordena, los estudios de perfil poblacional son una herramienta de salud pública, no de promoción.
Lo que falta
La pieza que sigue faltando son estudios longitudinales: seguir a las mismas personas antes y después de sus experiencias, durante años, con mediciones clínicas y no solo autorreportadas. Sin eso, la pregunta de si la ayahuasca aporta algo a la salud —o si simplemente atrae a gente que ya la cuida— queda abierta.
Fuente: Journal of Psychoactive Drugs
Imagen: Ivan Mlinaric, licencia CC BY 2.0, vía Openverse.