En una vitrina del museo del hospital Behman, en El Cairo, hay una ampolla de vidrio con la etiqueta Delysid: el nombre comercial que Sandoz le dio al LSD en los años cincuenta. Es el resto material de una época en la que psiquiatras egipcios investigaban la conciencia en paralelo con sus colegas occidentales, antes de que la guerra contra las drogas clausurara esa línea de trabajo y la historia se volviera invisible.

Una necesidad enorme y una infraestructura mínima

La región de Asia Sudoccidental y el Norte de África (SWANA, por sus siglas en inglés) combina una demanda de salud mental muy alta con servicios escasos y leyes de drogas que van de estrictas a extremas: la posesión acarrea penas severas en la mayoría de los países y el narcotráfico es delito capital en varios.

Las cifras que recopila el psicólogo clínico Nader Wahba en un reportaje para DoubleBlind son elocuentes. Encuestas públicas indican que en muchos países árabes cerca del 30% de la población reporta haber atravesado episodios depresivos. En Emiratos Árabes Unidos, un estudio reciente encontró que el 57,2% de los residentes tenía al menos un trastorno mental diagnosticable. En Líbano, la explosión del puerto de Beirut de 2020 sumada a la crisis económica contribuyó a un aumento del 42% en los suicidios en julio de 2022 respecto del año anterior. Egipto tiene 0,68 psiquiatras por cada 100.000 habitantes y menos de 120 psicólogos clínicos para más de 100 millones de personas.

De «¿es halal?» a «¿cómo lo sería?»

El debate religioso ya no gira en torno a si los psicodélicos pueden ser permisibles bajo la ley islámica, sino cómo. Haya Al-Hejailan, fundadora de la Arab Psychedelic Society, sostiene que la región no está importando nada nuevo: la acacia, nativa de Medio Oriente, contiene DMT, y la ruda siria tiene propiedades IMAO comparables a las de la liana de la ayahuasca. A eso se suman el arte rupestre de Tassili n’Ajjer, en Argelia, con unos 9.000 años de antigüedad, y las tradiciones sufíes de canto y movimiento extáticos.

Yasir Qadhi, presidente del Fiqh Council de Norteamérica, ha señalado que técnicamente los psicodélicos no caen en la misma categoría que el alcohol, aunque sin pronunciarse sobre su valor terapéutico. El precedente que citan los defensores es el dictamen del propio consejo que permite el cannabis medicinal en condiciones graves.

Tres velocidades distintas

Líbano es el único caso con pacientes reales. Desde 2017, clínicas del American University of Beirut Medical Center y del Hospital St. George ofrecen terapia con ketamina para depresión resistente e ideación suicida, aprovechando que el fármaco está clasificado como anestésico disociativo y no como psiquiátrico, lo que habilita la prescripción off-label. El doctor Farid Talih reporta hasta un 90% de reducción de la ideación suicida y tasas de respuesta antidepresiva de entre el 30% y casi el 90%. Cada sesión cuesta varios cientos de dólares, fuera del alcance de la mayoría.

Emiratos Árabes Unidos apuesta por el posicionamiento estatal: la Estrategia Nacional de Bienestar 2031, la Ley Federal de Salud Mental de 2024 y conferencias oficiales en 2023 y 2024. Pero las reformas de diciembre de 2025 endurecieron las penas por sustancias controladas, y varios médicos que exploraban programas de investigación optaron por esperar.

Jordania ofrece el termómetro más útil: una encuesta de 2025 publicada en el Journal of Psychoactive Drugs preguntó a casi 2.000 médicos y estudiantes de medicina jordanos. Poco más del 50% se declaró en contra de la terapia psicodélica, un 34,1% cauteloso y un 15,5% a favor. La antigüedad profesional no cambió nada: los catedráticos eran tan escépticos como los estudiantes. Ese 34% indeciso es el que los promotores creen poder mover con datos revisados por pares.

La pregunta que nadie hace todavía

Wahba advierte que el riesgo mayor no es regulatorio sino de acceso: sin una intervención estructural deliberada, la terapia psicodélica en la región podría consolidarse como un servicio para residentes acomodados del Golfo y turistas médicos, mientras el resto sigue expuesto a sanciones penales por las mismas sustancias. Los tratamientos son caros, los terapeutas formados son pocos y los protocolos en uso se diseñaron en otros lugares para otras poblaciones.

Su conclusión invierte la pregunta habitual: más que preguntarse si SWANA está lista para la medicina psicodélica, habría que preguntarse si el campo psicodélico, tal como existe hoy, está listo para relacionarse con SWANA en sus propios términos.

Fuente: DoubleBlind Mag

Foto: StartAgain — licencia CC BY-SA 2.0, vía Openverse.