Si las terapias asistidas con psicodélicos llegan a aprobarse, alguien tendrá que administrarlas. Ese cuello de botella —miles de clínicos formados en un modelo de atención que casi nadie estudió en la facultad— explica el movimiento que acaba de anunciar la Universidad Lesley, en Cambridge, Massachusetts: la creación de un centro dedicado a formar profesionales de salud mental en terapias asistidas con psicodélicos.

Un centro para formar, no para tratar

El nuevo Center for Psychedelic Healing and Psychotherapies funcionará como un espacio de programas educativos, investigación y entrenamiento centrado en el uso clínico de sustancias como la psilocibina y el LSD. La apuesta no es abrir un consultorio ni un centro de administración, sino producir los profesionales que esos centros necesitarán.

Según la propia universidad, el objetivo es que los clínicos comprendan las dimensiones psicológicas, culturales, éticas y terapéuticas de estos abordajes emergentes. Esa enumeración no es decorativa: buena parte de los conflictos que atravesaron el campo en los últimos años —desde casos de mala praxis hasta disputas sobre apropiación de conocimientos indígenas— tienen menos que ver con farmacología que con ética profesional y contexto cultural.

Certificados de posgrado, sin créditos por ahora

En su etapa inicial, el centro ofrecerá certificados de posgrado dirigidos a clínicos e investigadores. No incluirá materias con créditos académicos, un paso que exigiría atravesar procesos formales de acreditación. Es la vía habitual en un terreno donde la regulación todavía está en construcción: los programas de certificación permiten avanzar rápido sin comprometer a la institución en titulaciones que aún no tienen marco legal claro.

Lesley aporta un perfil particular. Es una universidad con tradición en consejería, terapias expresivas y arteterapia, campos que comparten con el trabajo psicodélico el énfasis en la experiencia subjetiva y en el vínculo terapéutico más que en la prescripción.

El contexto: demanda antes que aprobación

El anuncio llega en un momento en el que los psicodélicos se vuelven una opción cada vez más frecuente para pacientes con trastorno de estrés postraumático y trastornos por consumo de sustancias, sea a través de ensayos clínicos, programas estatales o vías de acceso ampliado. La formación, sin embargo, sigue dispersa entre organizaciones privadas, cursos online de calidad desigual y programas ligados a empresas del sector.

Que una universidad acreditada entre al ruedo cambia el panorama en al menos dos sentidos. Introduce estándares académicos verificables en un mercado formativo poco regulado, y ofrece a los sistemas de salud un criterio con el que evaluar credenciales cuando llegue el momento de contratar.

Queda por ver cuántos egresados podrán ejercer efectivamente y bajo qué marco legal. En Estados Unidos, la respuesta varía por estado y todavía depende de decisiones federales pendientes. Mientras tanto, la infraestructura de formación se construye por adelantado, apostando a que la aprobación llegue antes de que los certificados venzan en utilidad.

Fuente: The Boston Globe