En agosto de 2024 la FDA rechazó la solicitud de Lykos Therapeutics para aprobar la MDMA combinada con psicoterapia en el estrés postraumático. Fue el golpe más duro que recibió el campo psicodélico en su etapa moderna: despidos, reestructuración y la sensación generalizada de que el impulso se había frenado. Lo que no se veía desde afuera era quién estaba poniendo el dinero para que la compañía no desapareciera.
Un cheque de 25 millones
Según una investigación del Wall Street Journal publicada el 5 de septiembre, Antonio Gracias aportó 25 millones de dólares desde su fundación familiar para recapitalizar Lykos tras el rechazo regulatorio. Gracias también donó 16 millones para financiar investigación con psicodélicos en Harvard.
Gracias no es un filántropo cualquiera del sector salud: es director de SpaceX y uno de los aliados más cercanos de Elon Musk. Hizo su fortuna apostando por la empresa aeroespacial cuando todavía era una startup de altísimo riesgo. El mismo perfil describe a Steve Jurvetson, también director de SpaceX e inversor de capital de riesgo, que junto a su esposa Genevieve ha respaldado investigación y ensayos clínicos con psicodélicos.
Una lista de apellidos conocidos
El reportaje sitúa a Gracias y Jurvetson dentro de un grupo más amplio de grandes patrimonios que financian el sector: el gestor de fondos Steve Cohen, el empresario David Bronner —de la marca de jabones Dr. Bronner’s, uno de los donantes históricos del campo— y miembros de la familia Pritzker.
El patrón no es nuevo. Buena parte de la investigación psicodélica de las últimas tres décadas se sostuvo sobre donaciones privadas, precisamente porque el financiamiento público estuvo cerrado durante medio siglo. Lo que cambió es la escala y el origen del dinero: ya no son fundaciones contraculturales sino fortunas tecnológicas de primer nivel, con acceso directo a los círculos de poder político en Washington.
Qué se compra con eso
La coincidencia temporal es difícil de ignorar. El gobierno estadounidense firmó en abril de 2026 una orden ejecutiva para acelerar tratamientos de enfermedad mental grave, la FDA emitió vales de revisión prioritaria a tres programas psicodélicos y convocó una audiencia pública sobre el tema para el 14 de septiembre. Con capital privado empujando por un lado y una administración receptiva por el otro, el campo atraviesa su ventana más favorable en décadas.
Queda abierta la pregunta incómoda: cuando un puñado de fortunas individuales define qué moléculas se investigan, qué compañías sobreviven a un rechazo regulatorio y qué universidades reciben fondos, la agenda de la medicina psicodélica se parece cada vez menos a una prioridad de salud pública y cada vez más a una cartera de inversión con causa.
Fuente: The Wall Street Journal.
Foto: «US dollars and Euros – cash banknotes», de Mark Hodson Photos, CC BY 2.0, vía Openverse.