Un consorcio financiado por 21 millones de dólares de los Institutos Nacionales de Salud (NIH) de Estados Unidos comenzará este año a probar psilocibina y LSD como tratamiento para el dolor crónico en adultos mayores, uno de los mayores compromisos federales hasta la fecha en investigación psicodélica. La red, llamada INSPIRE Network, está liderada por el campus Anschutz de la Universidad de Colorado, con investigadores principales en la Universidad de Nueva York (NYU) y la Universidad de California en San Francisco (UCSF), y fue anunciada en abril de 2026 por el Instituto Nacional sobre el Envejecimiento (NIA) y el Centro Nacional de Salud Complementaria e Integrativa, ambos dependientes del NIH.
Emory se suma como sede nacional
La Universidad Emory, en Atlanta, fue designada como uno de los centros nacionales del proyecto, junto al Dana-Farber Cancer Institute —afiliado a Harvard Medical School— y el Centro Médico de la Universidad de Nebraska. Del total de la financiación, 4 millones de dólares corresponden específicamente al rol de Emory dentro de la red. La inscripción de participantes para la fase inicial del estudio en ese campus estaba prevista para comenzar en mayo de 2026.
Dos fases: primero seguridad, después dolor específico
El proyecto se extenderá durante cinco años y está dividido en dos etapas. La primera evaluará la seguridad y los efectos de psilocibina y LSD en voluntarios sanos, sin diagnóstico de dolor crónico, para establecer parámetros básicos de tolerabilidad. La segunda fase pondrá a prueba la terapia psicodélica asistida directamente en pacientes con dolor: psilocibina para el dolor lumbar crónico y LSD para el dolor óseo asociado a cáncer, dos condiciones que suelen responder mal a los opioides y otros analgésicos convencionales a largo plazo.
Por qué el dolor crónico y no solo la salud mental
La mayoría de los ensayos psicodélicos de la última década se concentraron en depresión, TEPT y adicciones. INSPIRE Network representa un giro hacia una aplicación distinta: el dolor físico persistente en personas mayores, una población con menos representación en los estudios clínicos de esta familia de sustancias y para la que las alternativas terapéuticas actuales —principalmente opioides— conllevan riesgos conocidos de dependencia y efectos adversos acumulativos.
Un proyecto a observar durante años, no meses
A diferencia de los ensayos de fase 3 que buscan aprobación regulatoria en el corto plazo, INSPIRE Network es una apuesta de investigación básica y aplicada a largo plazo, financiada con dinero público y diseñada para generar evidencia científica sólida antes de pensar en cualquier uso clínico rutinario. Sus primeros resultados de seguridad no se esperan antes de que avancen varios años del proyecto.
Fuente: Emory University