Durante siglos, las comunidades Bwiti de Gabón han usado la corteza de la raíz del arbusto de iboga en ceremonias de sanación e iniciación. Hoy, mientras Estados Unidos acelera las inversiones y los ensayos clínicos con la ibogaína, el alcaloide psicoactivo que se extrae de esa planta, Gabón intenta asegurarse de no quedar fuera del negocio que está naciendo sobre su propio patrimonio biológico y cultural. Según informó la periodista Molly Helfend para Mongabay, el país africano avanza en un paquete de medidas para proteger su reserva de iboga y reclamar una porción de las regalías del mercado internacional de la ibogaína.

El precio de las semillas ya se cuadruplicó

Georges Gassita, funcionario gabonés experto en legislación ambiental, explicó en un artículo de opinión que el país anticipa un salto en la demanda internacional desde que el gobierno de Estados Unidos firmó en abril una orden ejecutiva para impulsar la medicina psicodélica. «El precio de las plántulas de iboga en Gabón subió bruscamente, de unos 4 a 17 dólares por unidad, según el producto y el mercado», señaló Gassita. «Gabón trabaja con urgencia para esclarecer el valor de estos recursos y regular el comercio de manera que beneficie tanto a quienes proveen esta medicina como a quienes la buscan.»

Un decreto para prohibir la exportación y reclamar regalías

El Consejo de Ministros de Gabón adoptó el mes pasado un proyecto de decreto para prohibir la exportación de iboga sin procesar, luego de que en mayo el presidente del país ya hubiera firmado un decreto para regular el acceso a la planta y afirmar la soberanía nacional sobre ella, sus derivados y el conocimiento tradicional asociado. Según Mongabay, el gobierno gabonés busca además cobrar regalías que vayan más allá de la simple venta de la planta: un porcentaje de las ventas de patentes internacionales, de la ibogaína sintética fabricada en laboratorio y de los tratamientos clínicos que la usen. Ese dinero se destinaría a un fondo nacional repartido entre el Estado y las comunidades.

«Que se redistribuyan los ingresos»

Maître Moubeyi Bouale, quien preserva las tradiciones Bwiti como director de la Asociación Nacional Maghanga Ma Nzambé, resumió el reclamo de fondo ante Mongabay: «los ingresos de la explotación del iboga deben redistribuirse. Eso es todo lo que pedimos.» La tensión no es nueva: mientras compañías en Estados Unidos ya fabrican ibogaína de grado farmacéutico a partir de materia prima importada de África Occidental, Gabón, el país de origen de la planta, apenas empieza a construir la infraestructura legal para no quedar reducido a simple proveedor de materia prima.

Un mercado que, según las proyecciones, podría triplicarse

El mercado mundial de psicodélicos, valuado en unos 3.000 millones de dólares en 2023, podría alcanzar los 9.000 millones hacia 2032. Para Gabón, capturar incluso una fracción pequeña de ese crecimiento, en patentes, manufactura regulada y turismo terapéutico, podría significar ingresos anuales de entre 150 y 300 millones de dólares, según estimaciones citadas por medios locales. El desenlace de esta disputa por la soberanía biológica será, probablemente, un caso de referencia para otros países de origen de plantas psicoactivas que hoy ven cómo sus conocimientos tradicionales se convierten en productos patentados en otras partes del mundo. Sobre esta cadena de producción puede consultarse también la guía completa de psicodélicos de este portal.