La ciudad de Santa Cruz, en California, se está convirtiendo en un laboratorio inesperado de la próxima ola psicodélica. Al menos dos iglesias que ofrecen hongos de psilocibina y sus derivados como sacramento central han abierto sus puertas, en una zona gris legal que combina libertad religiosa, activismo y acceso a sustancias todavía prohibidas.

Cómo funcionan

El modelo es sencillo en apariencia: cualquier persona mayor de 21 años puede acercarse a alguna de estas congregaciones, inscribirse como miembro y recibir productos con psilocibina a cambio de una donación. La estructura de iglesia busca ampararse en las protecciones a la práctica religiosa, un terreno jurídico que en Estados Unidos ha permitido, en casos puntuales, el uso ceremonial de sustancias psicoactivas.

Un antecedente legal complejo

La estrategia no es del todo nueva. Algunas organizaciones han obtenido exenciones formales, como las que otorga la DEA a ciertos grupos para el uso ritual de la ayahuasca, pero la mayoría de estas iglesias de psilocibina operan sin ninguna autorización explícita, apostando a que la ambigüedad legal y la sensibilidad política de perseguir prácticas religiosas las mantenga a salvo. Es una apuesta arriesgada: la psilocibina sigue siendo una sustancia de Lista I a nivel federal.

El contexto californiano

Santa Cruz descriminalizó los psicodélicos naturales en 2020, uno de los primeros municipios de Estados Unidos en hacerlo, lo que creó un clima local más tolerante. A nivel estatal, California ha debatido repetidamente proyectos para legalizar o descriminalizar la psilocibina y otras sustancias, sin llegar todavía a un marco de acceso médico regulado como el de Oregón o Colorado. En ese vacío, las iglesias llenan una demanda que la legislación aún no resuelve.

Entre el acceso y el riesgo

Para sus defensores, estas congregaciones ofrecen un espacio comunitario y un acceso relativamente seguro frente al mercado negro. Para los críticos, el formato de iglesia puede diluir los estándares de reducción de riesgos y dejar a los usuarios sin las garantías de un entorno clínico. Lo que Santa Cruz muestra con claridad es la tensión de fondo del momento psicodélico: la demanda social avanza mucho más rápido que la ley.

Fuente: Lookout Santa Cruz

Foto: D.C.Atty, licencia by 2.0 vía Openverse