En junio de 2025, Denver acogió Psychedelic Science 2025, la mayor conferencia científica sobre psicodélicos del mundo. La asistencia cayó de los 12.000 participantes de 2023 a unos 8.000 —un reflejo directo del golpe que supuso el rechazo de la FDA en agosto de 2024 a la terapia asistida con MDMA de Lykos Therapeutics—. Pero el espíritu del campo seguía vivo, y los datos que han llegado desde entonces apuntan a una recuperación notable.
Rick Doblin, fundador de MAPS, admitió haberse sentido «devastado» por la decisión regulatoria, pero repasó las buenas noticias: legislación liberalizadora en Nuevo México y la República Checa, el apoyo de políticos republicanos y demócratas, 10.000 personas que ya han usado psilocibina legalmente en Oregón, 50 millones de dólares del gobierno de Texas para investigar la ibogaína en adicciones, y prescripciones excepcionales permitidas en Australia, Canadá y Suiza.
El debate central: psicoterapia sí o no
El corazón del congreso fue un debate que definirá el futuro de la medicina psicodélica: ¿puede separarse el fármaco de la terapia? Tras el rechazo de la FDA —que señaló la falta de estandarización de los componentes terapéuticos como un problema metodológico—, algunas empresas empezaron a minimizar el papel de los psicoterapeutas en las sesiones.
La respuesta de investigadores como Rachel Yehuda, del Mount Sinai de Nueva York, fue contundente: «Comparar la terapia psicodélica sin psicoterapia con la cirugía sin anestesia.» Gül Dölen, de Johns Hopkins, aportó datos neurobiológicos: sus experimentos sugieren que los psicodélicos reabren «ventanas críticas» de aprendizaje en el cerebro adulto, y que esa reapertura puede requerir el estado alterado de conciencia para ser terapéuticamente efectiva. «Los neuroplastógenos que no producen experiencia psicodélica podrían estar haciendo algo similar a la cocaína», advirtió.
El reencuentro con los pueblos indígenas
Otro hilo conductor del congreso fue el intento de recomponer la relación entre la ciencia occidental y los pueblos que han usado estas plantas durante siglos. Nixiwaka, jefe Yawanawa, invitó a los investigadores a «entrar por la puerta de casa, no por la ventana». La artista y académica Daiara Tukano fue más directa: «Llevamos 500 años intentando dialogar. Los científicos también tienen que reconocer que nosotros tenemos ciencia.»
En paralelo, los ensayos de Fase 3 de psilocibina de Compass Pathways y el Instituto Usona continúan avanzando. Los datos publicados por Compass en 2025 mostraron una reducción media de 3,6 puntos en la escala MADRS —comparable a la mejora que llevó a la aprobación de la esketamina intranasal de Janssen en 2019—. Los datos del brazo principal del estudio, con 568 pacientes, se esperan para el segundo semestre de 2026.
El campo psicodélico llega a 2026 con más preguntas que certezas, pero también con más datos rigurosos, más respaldo político y una conciencia mayor de los errores metodológicos que frenaron la aprobación del MDMA. La pregunta ya no es si los psicodélicos llegarán a la medicina convencional, sino cuándo y bajo qué condiciones.
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Traducido y adaptado desde Chacruna Institute