La reciente conferencia Psychedelic Culture 2026, celebrada en Washington D.C., ilustró como pocas cosas la paradoja del momento actual: un movimiento nacido en la contracultura de los años sesenta celebra su simbiosis con una administración de derechas. El análisis de Chacruna Institute que examina este fenómeno lleva por título acertado «La Espiral Excéntrica de la Psicodelia».

De Leary a Trump: el largo arco de los psicodélicos

En sus orígenes, los psicodélicos estuvieron íntimamente ligados a movimientos de liberación: feminismo, antibelicismo, derechos civiles, ecología profunda. La criminalización en los años setenta fue, en parte, una reacción política a ese potencial transformador. Décadas después, las mismas sustancias son abrazadas por sectores conservadores y tecnócratas de Silicon Valley como herramientas de productividad o veteranía.

La conferencia del capitalismo psicodélico

La conferencia Psychedelic Culture 2026 reunió a una mezcla heterogénea: chamanes y ejecutivos, académicos y emprendedores, veteranos de guerra y funcionarios de gobierno. La presencia institucional fue más notable que nunca. Funcionarios de la administración Trump compartieron paneles con curanderos indígenas y científicos de universidades de élite.

Para Chacruna, esto representa una «espiral excéntrica»: el movimiento psicodélico gira alrededor de sí mismo, pero cada vuelta lo lleva más lejos de su origen contracultural. No es un movimiento hacia adelante ni hacia atrás, sino hacia un territorio nuevo y profundamente contradictorio.

¿Qué se pierde en la institucionalización?

La pregunta urgente que plantea Chacruna es qué se pierde cuando un movimiento es absorbido por las instituciones que históricamente lo reprimieron. La dimensión espiritual, el cuestionamiento del orden económico, la perspectiva indígena: estos elementos tienden a diluirse cuando la lógica dominante es la del ensayo clínico, la patente y el retorno de inversión.

Una oportunidad ambigua

Al mismo tiempo, sería ingenuo negar las oportunidades reales que abre la legitimación institucional: más investigación, menos criminalización, más personas accediendo a tratamientos que pueden salvar vidas. La clave está en quién define los términos de esa legitimación y qué se negocia en el proceso. El movimiento psicodélico vive en esa tensión, y su destino aún no está escrito.