Grace Blest-Hopley abrió la conferencia ICPR de Haarlem con la primera ponencia del escenario principal. Hace cuatro años, cuando fundó Hystelica —una organización dedicada a la salud femenina dentro de la ciencia psicodélica—, le decían que su tema era demasiado nicho. El punto de inflexión, cuenta, fue una carta abierta a MAPS tras la conferencia de 2023 señalando que ni una sola charla se había ocupado de la biología de las mujeres.

El problema empieza mucho antes de los psicodélicos

«El gaslighting médico hacia las mujeres es real», sostiene la investigadora, que es directora científica de NW PharmaTech. Cuando a alguien se le repite que lo que siente no es real o que exagera, esa incredulidad se interioriza. La raíz, argumenta, es el escaso conocimiento de la fisiología femenina: cómo el estrógeno y la progesterona modelan la función cerebral, la percepción y el procesamiento emocional está ausente incluso de la formación psiquiátrica avanzada. El resultado se mide en años: una mujer con endometriosis tarda de media más de ocho en recibir un diagnóstico.

Dónde se cruzan las hormonas con los psicodélicos

El solapamiento mecánico es directo. El estrógeno modula el tono del sistema serotoninérgico —la cantidad de serotonina producida, cómo se metaboliza y hasta la densidad del propio receptor 5-HT2A—, lo que puede alterar tanto la farmacocinética como la farmacodinámica de un psicodélico. La progesterona actúa sobre todo vía GABA: cuando cae, suben la ansiedad y los pensamientos intrusivos.

De ahí una advertencia práctica sobre el set and setting: «Los psicodélicos son amplificadores internos. Si no miramos cómo las hormonas están afectando nuestro paisaje interno y luego aplicamos un amplificador, podemos estar amplificando estados negativos en lugar de positivos». Dosificar sin tener en cuenta el momento del ciclo puede, en su lectura, situar a algunas mujeres en un punto de vulnerabilidad neurobiológica.

Los primeros datos de Hystelica

La organización lanzó la primera encuesta psicodélica centrada en mujeres, preguntando a quienes habían tomado dosis altas —a menudo en contextos ceremoniales— si notaron cambios en su ciclo o en sus síntomas de menopausia. El primer conjunto de datos ya está analizado: aparecen mejoras en los aspectos psicológicos del ciclo (ansiedad, cambios de humor), cambios conductuales en funcionamiento cognitivo y laboral, y descensos del dolor menstrual. En mujeres con trastorno disfórico premenstrual (TDPM) los efectos se observaron en una proporción aún mayor.

Hay también relatos individuales: mujeres cuyos ciclos se habían detenido por estrés o trastornos alimentarios y que los recuperaron, o casos de síndrome de ovario poliquístico con ciclos más regulares tras experiencias de dosis alta.

Qué habría que medir en los ensayos

La propuesta metodológica es concreta: registrar el ciclo menstrual como variable estándar en toda participante, porque la percepción del dolor, la ansiedad y el estado de ánimo fluctúan con él. Y explorar subgrupos definidos por acontecimientos vitales adversos, ya que los psicodélicos podrían ser especialmente útiles en cuadros ligados al trauma y menos en los de origen genético.

Hystelica prepara ahora un estudio Delphi con más de cincuenta expertos —de ginecólogos a líderes indígenas— para consensuar qué dominios deben recogerse: perfiles hormonales, historia reproductiva, trauma. Experiencias como el parto, el aborto o la pérdida gestacional, señala, no aparecen en ninguno de los cuestionarios que usa hoy el campo.

Reducción de riesgos primero

«Sabemos que las mujeres sufren efectos adversos de medicamentos autorizados con mucha más frecuencia que los hombres, en gran medida porque no se investigaron adecuadamente en la fase de ensayo clínico», resume. Su temor es que se repita el patrón —menciona un posible aumento de la ideación suicida en mujeres con TDPM— y que un caso así arrastre años de progreso del campo entero.

Fuente: Psychedelic Alpha

Imagen: «Road meditation», Kashirin Nickolai (CC BY).