Una disputa que empezó como un desacuerdo químico y terminó en los tribunales acaba de dar otro giro. La Iglesia de la Síntesis Sagrada —antes llamada Iglesia de la Psilometoxina— sostiene que un nuevo análisis de laboratorio demuestra por fin que su sacramento contiene el compuesto que dice producir. Y, apoyándose en ese resultado, ha demandado a dos de sus críticos más visibles.

Un compuesto que casi nadie ha visto

La organización, con sede en Texas, afirma desde 2021 que alimentando el sustrato de hongos de psilocibina con 5-MeO-DMT derivado del sapo consigue que el micelio biosintetice psilometoxina, un compuesto raro. Vendía el resultado en cápsulas a 300 dólares la onza como «iglesia de hongos por correo», con ingresos que uno de sus fundadores, el abogado Ian Benouis, cifró en cerca de 100.000 dólares mensuales entre cuotas y sacramento.

El problema apareció en 2022, cuando el químico y divulgador Hamilton Morris analizó una muestra y no encontró psilometoxina: solo psilocibina y, además, ketamina. Entre 2023 y 2024, químicos de al menos tres laboratorios más llegaron a la misma conclusión. Uno de ellos, Alexander Sherwood, jefe de química medicinal del Usona Institute, firmó el trabajo Fungi Fiction, que disputaba la existencia del compuesto. David Nichols, de la Universidad de Purdue, describió el proceso de cultivo descrito por la iglesia como «carente de sentido y no científico».

Un nuevo aparato, una nueva respuesta

Ahora un toxicólogo forense de Alabama, Jesse Hines, dice haber detectado el compuesto. Hines propuso usar cromatografía líquida de ultra alta resolución acoplada a espectrometría de masas de alta resolución (UPLC-HRMS) en un espectrómetro de trampa iónica Orbitrap, en lugar de la cromatografía de gases empleada por los laboratorios anteriores. La diferencia es relevante: la psilometoxina es extremadamente sensible al calor —algo que ya señaló Alexander Shulgin—, y el método de Hines apenas lo aplica. En una declaración jurada, Hines y la científica forense Elizabeth Gardner afirman tener más de un 98% de confianza en que el sacramento contiene psilometoxina.

Los escépticos no se dan por convencidos. Manesh Girn, director científico de The Center for MINDS, señala que declarar el descubrimiento de un compuesto exige normalmente compararlo con una muestra de referencia verificada o confirmar su estructura atómica mediante resonancia magnética nuclear, y que no consta que se hiciera ninguna de las dos cosas. Existe un obstáculo de fondo: la única síntesis documentada de psilometoxina la logró un equipo del Instituto Pasteur en 1965 a partir de orquídeas de vainilla, pero no conservaron el producto ni lo depositaron en ninguna biblioteca de referencia. No hay, literalmente, con qué comparar.

Del laboratorio al juzgado

El 6 de abril de 2026 la iglesia demandó a Morris y a Sherwood alegando que su escepticismo público estaba motivado en secreto por intereses económicos, y reclamando una violación de secretos comerciales. Usona, Sherwood y Morris pidieron el sobreseimiento el 15 de junio, argumentando que la reclamación se apoya en una actividad comercial ilegal. El 15 de julio la jueza Melissa Andrews desestimó todas las demandas contra Morris por falta de jurisdicción personal; el resto de demandados sigue en el caso.

El abogado Robert Rush, especializado en psicodélicos, resume así su lectura: en su opinión el litigio «intenta convertir un desacuerdo científico público en una disputa de secretos comerciales», cuando la propia iglesia promocionó y vendió abiertamente ese sacramento. La Oficina de Patentes y Marcas de EE.UU., por su parte, ya rechazó el registro de la marca «Psilomethoxin» al considerar que el compuesto es estructural y farmacológicamente similar a la psilocibina y, por tanto, sustancia de Lista I.

Mientras tanto, la iglesia estudia esquivar la vía de la exención religiosa ante la DEA y vender la sustancia como «nutracéutico». El compuesto en el centro de todo sigue siendo lo que ha sido desde el principio: no probado, no regulado e imposible de ignorar.

Foto: «Applied Biosystems 4000 QTRAP», de Hey Paul (CC BY 2.0).

Fuente: DoubleBlind Mag