Joe McKay, bombero jubilado de Nueva York y uno de los primeros en responder al atentado del 11 de septiembre, vive con cefalea en racimos: un trastorno neurológico que puede provocar hasta ocho ataques de dolor extremo por día. «Cada cefalea en racimos es una emergencia médica», contó en su presentación durante la última edición de la conferencia Horizons: Perspectives on Psychedelics, celebrada en octubre en Nueva York. Cuando los tratamientos convencionales dejaron de funcionarle, McKay recurrió a la psilocibina y hoy es uno de los pacientes que empuja un cambio legal en el estado.

El proyecto de ley de Amy Paulin

La asambleísta demócrata Amy Paulin, presidenta de la Comisión de Salud de la Asamblea de Nueva York —y madre de un paciente con el mismo trastorno—, presentó un proyecto de ley para crear un modelo médico de acceso a la psilocibina. A diferencia del programa inicial de Nuevo México, su propuesta incluiría explícitamente la cefalea en racimos entre las condiciones que calificarían para el tratamiento. «Se puede tener mucha empatía por un grupo de médicos que creen que algo funciona y, sin embargo, están impedidos de usarlo», dijo Paulin durante su presentación en la conferencia.

Nuevo México, la advertencia sobre el exceso de regulación

En el mismo encuentro, Denali Wilson, directora estatal de Healing Advocacy en Nuevo México, repasó cómo avanza la implementación del programa de psilocibina médica de ese estado, pensado para ampliar el acceso mediante cobertura de seguros y fondos públicos. Wilson advirtió que el cronograma acelerado del estado podría derivar en regulaciones apresuradas y demasiado restrictivas. Uno de los puntos más delicados es una propuesta que exigiría la aprobación de un médico habilitado para prescribir sustancias controladas, un requisito que podría convertirse en una barrera severa en zonas rurales con escasez de profesionales de salud.

Qué dice la evidencia sobre quién usa psicodélicos y por qué

En otra de las presentaciones del encuentro, Kate Reynolds, directora de investigación de Rocky Mountain Poison & Drug Safety, mostró datos sobre los motivos detrás del consumo de psicodélicos en Estados Unidos: van desde el tratamiento de una condición médica hasta el uso recreativo o el desarrollo personal. «Dedicamos mucho tiempo a hablar de las implicancias terapéuticas, pero hay que recordar que la población que consume lo hace por razones mucho más variadas», explicó Reynolds, y advirtió que ese tipo de datos es difícil de capturar en los ensayos clínicos tradicionales, diseñados con otro propósito.

Un modelo médico cada vez más amplio

El caso de Nueva York ilustra una tendencia más amplia: a medida que distintos estados diseñan sus propios marcos legales para la psilocibina médica, surgen preguntas sobre qué condiciones deberían calificar y cómo evitar que la regulación termine restringiendo el acceso que se buscaba garantizar. La experiencia de Nuevo México, el primer estado en crear un fondo público para el acceso equitativo a la psilocibina médica, funciona como caso de estudio para los legisladores de otros estados que, como Paulin, buscan ampliar qué pacientes pueden calificar para el tratamiento.

Puede leerse también nuestra cobertura sobre el fondo de acceso equitativo a la psilocibina médica de Nuevo México, la guía completa de psicodélicos y la sección de Legislación.

Imagen: «Quite possibly psilocybin mushrooms» por Francis Storr, licencia CC BY-SA 2.0.

Fuente: Lucid News