Puerto Rico dio el martes 4 de agosto su primer paso formal hacia la investigación clínica con psicodélicos. La gobernadora Jenniffer González Colón firmó la Orden Ejecutiva 2026-037, que instruye al Departamento de Salud a evaluar la creación de un programa piloto de investigación clínica con terapias emergentes, entre ellas la ibogaína, la psilocibina y el MDMA.
La orden no autoriza el uso clínico general de ninguna de esas sustancias. Lo que ordena es un estudio: analizar la viabilidad científica, ética, regulatoria y financiera de montar un programa piloto en la isla.
Qué encarga exactamente la orden
El Departamento de Salud queda encargado de identificar fuentes de financiación federales y privadas, tejer alianzas con universidades, hospitales y centros de investigación, y elevar recomendaciones de política pública a la gobernación. La orden crea además un Comité Asesor Científico y Regulatorio integrado por especialistas en investigación clínica, salud pública, bioética, farmacología, neurología, psiquiatría, psicología y asuntos regulatorios.
«La innovación científica representa una oportunidad para transformar el futuro del sistema de salud de Puerto Rico», declaró González Colón en conferencia de prensa. «Es nuestra responsabilidad preparar a la isla para participar en la investigación que definirá los tratamientos del mañana, manteniendo siempre los más altos estándares científicos, éticos y regulatorios».
Un movimiento con contexto federal
La decisión no ocurre en el vacío. Desde la orden ejecutiva federal de abril de 2026, que instruyó a la FDA, la DEA y el Departamento de Asuntos de Veteranos a acelerar la investigación y el acceso a terapias psicodélicas, varios estados y territorios han empezado a posicionarse para captar fondos y ensayos. Kentucky, Indiana, Luisiana, Texas y Colorado ya destinaron recursos propios a estudiar la ibogaína contra las adicciones.
Puerto Rico llega con una carta particular: la gobernadora mencionó explícitamente a los veteranos entre los beneficiarios potenciales. La isla tiene una de las tasas de participación militar más altas per cápita de todo Estados Unidos, y el trastorno de estrés postraumático y las adicciones a opioides figuran entre los problemas de salud pública que la investigación con psicodélicos aspira a abordar.
Del estudio a la práctica hay distancia
Conviene medir las expectativas. Una orden ejecutiva que manda estudiar la viabilidad de un programa piloto está a varios pasos de un ensayo clínico en marcha. El Departamento de Salud deberá primero entregar sus recomendaciones; después haría falta financiación, aprobación federal para trabajar con sustancias de Lista I —normalmente vía solicitud de Nuevo Fármaco en Investigación (IND) ante la FDA— y centros habilitados con capacidad para supervisar sesiones de varias horas.
Aun así, el gesto tiene peso simbólico y práctico. Es la primera vez que un gobierno del Caribe hispanohablante bajo jurisdicción estadounidense articula una posición institucional sobre la investigación con psicodélicos, y sitúa a Puerto Rico en el mapa de jurisdicciones que compiten por atraer ensayos clínicos y sus recursos asociados.
Imagen: «Puerto Rico (San Juan)» de R9 Studios FL (Thanks to all the fans!!!), licencia CC BY vía Openverse.
Fuente: The San Juan Daily Star