Durante quince años, la explicación dominante sobre qué hacen los psicodélicos en el cerebro vino de las máquinas de resonancia magnética: redes que se desacoplan, jerarquías que se aplanan, un cerebro que se vuelve «más global». Pero la neuroimagen mide la suma de millones de células a la vez. Nunca dijo qué hacen esas células por separado. Un nuevo marco teórico publicado en Neuroscience & Biobehavioral Reviews intenta empezar por el otro extremo: por la neurona.

El trabajo, firmado por Karl Kristjan Kaup y colegas, propone que todos los efectos de la psilocibina, el LSD, la DMT y la mescalina se reducen a un único fenómeno celular al que llaman hipercontextualización apical.

Dónde actúan exactamente

Casi todo empieza en un solo receptor: el 5-HT2A de serotonina. Hay consenso en el campo: si se bloquea ese receptor, los efectos psicodélicos desaparecen, y la intensidad del viaje sigue de cerca cuántos receptores ocupa la molécula. Lo que faltaba era explicar cómo se salta de ahí a los efectos globales.

La clave es que el 5-HT2A no está repartido al azar. Se concentra en la corteza y, sobre todo, en un tipo de célula: la neurona piramidal de capa V, una célula grande y muy ramificada que funciona como principal integradora y como vía de salida de la corteza hacia estructuras profundas. Hace décadas que se la considera central para la conciencia.

Las dos ramas de una misma neurona

Esta neurona tiene dos juegos de ramas que hacen trabajos distintos. Las dendritas basales, cerca del cuerpo celular, reciben la entrada local: el estímulo directo, rasgo por rasgo, lo que está justo delante. Las dendritas apicales son otra cosa: forman un tronco largo que sube hasta la capa más alta de la corteza y recogen información de regiones lejanas y del tálamo. Esa entrada no describe objetos; aporta contexto y asociaciones.

Ahí está la idea de fondo. Un objeto mental no se define primero por sí mismo y después se relaciona con otros: lo que es surge de cómo se relaciona. El compartimento apical es donde viven esas relaciones. Y es precisamente donde el receptor 5-HT2A se concentra con más densidad. El blanco principal de los psicodélicos es la parte de la neurona encargada del contexto.

De la célula al viaje

Normalmente la neurona de capa V dispara según un equilibrio entre su entrada local y su entrada contextual. Los psicodélicos, vía 5-HT2A, debilitan el lado local y refuerzan el contextual: la célula pasa a estar gobernada más por asociaciones que por el estímulo crudo. Como estas neuronas son de las principales células de salida del cerebro, inclinarlas así tiene una consecuencia enorme: la señal contextual se difunde ampliamente en lugar de quedarse local.

Eso es exactamente lo que la neuroimagen viene mostrando desde hace años. La aportación del marco es señalar de dónde sale ese desplazamiento global a nivel celular.

Por qué explica el viaje entero

Una sola idea ordena rasgos clásicos de la experiencia psicodélica. En lo visual, explica por qué un estímulo aislado puede quedar intacto mientras se altera cómo se relacionan los estímulos entre sí: ilusiones dependientes del contexto que se refuerzan, bordes entre objetos que se deforman, escenas en movimiento o complejas más afectadas que las estáticas simples. En lo cognitivo, explica la avalancha de asociaciones remotas, el pensamiento metafórico y onírico y las intuiciones inesperadas.

También da cuenta de por qué el set and setting importa tanto: si las representaciones internas sutiles se amplifican y se difunden, el estado mental y el entorno pueden dirigir toda la experiencia. La conclusión de los autores es tajante: los psicodélicos no cambian lo que representamos, sino cómo se relacionan entre sí nuestras representaciones. Un giro con implicaciones directas para entender cómo estas moléculas podrían reiniciar patrones rígidos de pensamiento en los trastornos mentales.

Foto: jurvetson, licencia CC BY.

Fuente: Medical Xpress