Dos estudios recientes vuelven a poner en duda una de las historias de éxito más celebradas de la psiquiatría de la última década: la eficacia de la ketamina contra la depresión. Uno de ellos empleó un diseño particularmente ingenioso —anestesia general— para separar, por primera vez con rigor, el efecto farmacológico real de la ketamina del efecto de saber (o creer) que se está recibiendo un viaje disociativo.
Un ensayo que «apaga» el viaje psicodélico
En este estudio, los voluntarios recibieron ketamina mientras estaban bajo anestesia general, lo que en teoría impedía que percibieran conscientemente los efectos disociativos característicos de la droga. El resultado: la ketamina sí alivió la depresión de los participantes, pero no más que el placebo. Alrededor del 40% de los participantes acertó al adivinar si había recibido ketamina o placebo, un porcentaje equivalente al azar, lo que confirma que el enmascaramiento funcionó. La implicación es incómoda para el campo: buena parte del beneficio antidepresivo percibido en estudios previos podría deberse a las expectativas del paciente y del clínico, más que a un efecto farmacológico directo sobre el estado de ánimo.
KARMA-Dep 2: el mismo patrón en un hospital
Un segundo ensayo, conocido como KARMA-Dep 2, siguió a 62 pacientes hospitalizados por depresión mayor, comparando ocho infusiones de ketamina (dos por semana) contra midazolam —un sedante psicoactivo usado como placebo activo—, ambos sumados al tratamiento psiquiátrico habitual. A los seis meses de seguimiento no hubo diferencias significativas entre los dos grupos en la mejora de los síntomas depresivos.
¿Por qué importa el tipo de placebo?
Los investigadores señalan un patrón revelador: los metaanálisis que comparan ketamina con solución salina inerte (que no produce ninguna sensación perceptible) suelen mostrar efectos mucho mayores que los que la comparan con placebos activos como el midazolam, que sí generan alguna sensación física. Esto sugiere que parte del «efecto ketamina» documentado hasta ahora podría estar inflado por el simple hecho de que los pacientes —y sus médicos— notan cuándo alguien recibió la droga real.
Lo que no cambia (todavía)
Ninguno de los dos estudios invalida por completo el uso clínico de la ketamina o la esketamina (Spravato, ya aprobada por la FDA), pero sí refuerzan un llamado a la cautela dentro del campo: la rápida expansión de clínicas de ketamina en Estados Unidos y otros países se ha basado en gran medida en evidencia con placebos poco convincentes. Los autores piden más ensayos con placebos activos y diseños que controlen mejor las expectativas antes de seguir ampliando su uso como tratamiento estándar para la depresión resistente.
Fuente: Science (AAAS)