Un estudio piloto no controlado del Imperial College de Londres exploró por primera vez el uso de tres dosis de psilocibina, combinadas con acompañamiento psicoterapéutico, en 21 mujeres que convivían con anorexia nerviosa desde hacía años. Los resultados, todavía preliminares, muestran que el protocolo fue bien tolerado, con efectos adversos mayormente leves, y abren una vía de investigación en un trastorno donde las opciones de tratamiento efectivo siguen siendo escasas.
Un trastorno con pocas herramientas terapéuticas
La anorexia nerviosa tiene una de las tasas de mortalidad más altas entre los trastornos psiquiátricos y, a diferencia de la depresión o el estrés postraumático, cuenta con muy pocos tratamientos farmacológicos que hayan demostrado eficacia sostenida. Esa escasez de alternativas es lo que llevó a un grupo de investigadores a preguntarse si la psilocibina —ya estudiada en depresión resistente, ansiedad de fin de vida y adicciones— podía tener algún rol en un cuadro caracterizado por patrones de pensamiento rígidos y obsesivos en torno a la comida y el peso corporal.
Cómo se diseñó el estudio
Las participantes, todas con anorexia nerviosa de larga evolución, recibieron un protocolo de tres sesiones preparatorias, una primera dosis de psilocibina, dos sesiones de integración, una segunda dosis más alta y tres sesiones finales de integración. Se trata de un diseño similar al empleado en otros ensayos con psicodélicos, pero adaptado a las particularidades clínicas de un trastorno alimentario, donde el acompañamiento terapéutico antes y después de la dosis resulta especialmente sensible.
Resultados preliminares y sus límites
El estudio, al ser una prueba piloto sin grupo control, no permite todavía establecer si la mejoría observada se debe específicamente a la psilocibina o a otros factores del proceso terapéutico. Lo que sí aporta es evidencia inicial de seguridad y tolerabilidad en una población que, por la naturaleza de su condición, requiere un abordaje especialmente cuidadoso en cualquier intervención que involucre el cuerpo y la conciencia corporal.
Lo que viene
Investigadores de otros centros ya avanzan con ensayos relacionados: un estudio en curso evalúa la seguridad y viabilidad de la psilocibina en adolescentes y adultos jóvenes con anorexia nerviosa en recaída, con reclutamiento activo desde marzo de este año. En paralelo, la comunidad científica empieza a prestar atención al solapamiento entre los patrones obsesivos de la anorexia y el trastorno obsesivo-compulsivo, otra condición donde la psilocibina ya mostró señales prometedoras en ensayos controlados. Aun así, los propios autores insisten en que se necesitan estudios más grandes, aleatorizados y con grupo placebo antes de considerar cualquier aplicación clínica.
Fuente: Imperial College London
Foto: jurvetson, licencia by 2.0 vía Openverse