En 1971, en algún lugar del desierto de Arizona, una banda casi desconocida llamada Kennélmus grabó y —lo más inusual— prensó con sus propias manos un disco que décadas más tarde se convertiría en una pieza de culto para los coleccionistas del rock psicodélico. Su protagonista, el guitarrista Ken Walker, recordó recientemente para It’s Psychedelic Baby Magazine cómo nació «Folkstone Prism», un álbum que durante años solo existió como rumor entre buscadores de vinilos raros.
Una banda que prensó su propio disco
Walker trabajaba en la planta de prensado Wakefield y, gracias a ese empleo, consiguió trabajo allí también para el resto de la banda. «Fuimos la única banda que recuerdo que realmente prensó su propio disco», cuenta. En una época en la que sacar un álbum independiente ya era una hazaña logística, Kennélmus resolvió el problema de la manera más directa posible: controlando ellos mismos toda la cadena de producción, desde la grabación hasta el objeto físico final.
De rareza olvidada a pieza de colección
El disco pasó décadas en la oscuridad hasta que llegó a oídos de coleccionistas especializados en «private press» —álbumes autofinanciados y autoeditados, muchas veces en tiradas de unos pocos cientos de copias—. Rich Haupt, de Rockadelic Records, lo describió en 2011 como «un disco de psicodelia desértica extraña», y reveló un dato clave: Ken Walker todavía conservaba las planchas originales de prensado. Rockadelic terminaría usando esas mismas planchas para reeditar el álbum años después, devolviéndole una segunda vida a un trabajo que su propio creador pensó que nadie volvería a escuchar.
Raíces en la escena de Phoenix
Antes de Kennélmus, Walker ya llevaba años tocando: aprendió guitarra en la tienda Ziggie’s Music de Phoenix, donde recuerda haber visto pasar a músicos como Al Casey y Duane Eddy, y tocó con Shi-Reeves antes de que Kennélmus tomara forma hacia el final de los años sesenta. La escena local por entonces incluía a The Spiders, la banda que más tarde se transformaría en Alice Cooper, además de clubes y espacios que sostenían una movida de garage y psicodelia poco documentada fuera de sus círculos de coleccionistas.
Por qué importa hoy
Historias como la de Kennélmus muestran una parte menos visible del boom psicodélico de fines de los sesenta y comienzos de los setenta: no la de las grandes discográficas ni los festivales masivos, sino la de bandas que, con recursos mínimos, construyeron objetos culturales que sobrevivieron gracias a la obsesión de coleccionistas y sellos especializados en rescatar «private press» olvidados. Ese circuito de rescate sigue vivo y sigue encontrando historias como esta.
Para conocer más sobre la relación entre música, cultura y psicodelia, revisa nuestra guía completa de psicodélicos y la sección de Música de Portal Psicodélico.
Fuente: It’s Psychedelic Baby Magazine