Una nueva serie documental pone en primer plano la voz de un maestro curandero shipibo para preguntarse qué se está perdiendo a medida que la ayahuasca se convierte en una mercancía global. «El Camino del Rao» («The Way of the Rao»), una serie de entrevistas en YouTube creada por Matthew Watherston, fundador del Templo de la Luz (Temple of the Way of Light) —un centro de medicina tradicional cerca de Iquitos, Perú—, da espacio al maestro José López Sánchez para explicar, desde la tradición shipibo-konibo, qué hace falta para que la ayahuasca sane de verdad.

Watherston fundó el Templo en 2007 y durante casi dos décadas evitó deliberadamente convertirse en una autoridad sobre una tradición que no es la suya. Pero ante los efectos visibles de la globalización de la ayahuasca, decidió romper el silencio. En la cuarta entrega de la serie, López Sánchez explica que, en la cosmovisión shipibo, la ayahuasca por sí sola no cura: es una herramienta diagnóstica que permite al sanador «ver». Lo que sana son los ikaros, los cantos medicinales que los curanderos —llamados onayas— reciben tras años de dietas (aislamiento y entrenamiento con plantas). En la práctica comunitaria tradicional, muchas veces es el propio sanador quien bebe la ayahuasca para diagnosticar y cruzar al «Rao Nete», el mundo de los espíritus vegetales, mientras el paciente permanece sobrio.

«Para nosotros, todo es energía. Es a través de las energías que se forma la enfermedad», explica López Sánchez en la serie. «La raíz, para nosotros, es el trauma, sobre todo los paquetes que no son nuestros, que cargamos de nuestros ancestros.»

Watherston compara la tradición shipibo con una orquesta, donde la ayahuasca es solo un instrumento entre muchos: «No puedes esperar una sinfonía de un solo oboe. Necesitas la orquesta completa.» Su preocupación es que el auge económico del turismo ayahuasquero —solo en Iquitos hay unos 40 albergues, y una década atrás diez de ellos generaban en conjunto más de 5,6 millones de dólares anuales según el antropólogo Carlos Suárez Álvarez— ha empujado a curanderos talentosos a anteponer la ganancia económica a la integridad de su práctica. «Lo que antes era un buen sanador empieza a ganar más dinero, a recibir más elogios», dice Watherston. «Eso afecta al ego. Corrompe su medicina, y su medicina se oscurece.»

El Templo destina el 100% de sus utilidades, tras cubrir sus costos operativos, a iniciativas indígenas, incluyendo el instituto hermano Chaikuni, dedicado a la conservación de la selva. Watherston es crítico de lo que llama el «lavado de reciprocidad» de otros negocios del rubro: «La supuesta reciprocidad sagrada es una farsa cuando no se traduce en algo concreto.»

La serie también señala un patrón llamativo entre quienes buscan estos centros: una proporción significativa son médicos, psicólogos y terapeutas que llegan cargando su propio trauma no resuelto, una tensión que el especialista en trauma Gabor Maté reconoció públicamente tras pasar por el Templo en 2019.


*Traducido y adaptado desde DoubleBlind Mag: https://doubleblindmag.com/new-series-asks-maestros-about-ayahuascas-globalization/*