La presión política sobre la FDA para acelerar la aprobación de las terapias psicodélicas sigue creciendo. En mayo de 2026, una coalición de más de 30 legisladores del Congreso de Estados Unidos, que incluye tanto republicanos como demócratas, envió una carta al comisionado de la FDA, Marty Makary, solicitando que el organismo regulador adopte una postura activa y expedita en la revisión de los tratamientos basados en sustancias psicodélicas. La carta subraya la urgencia terapéutica de condiciones como el PTSD, el traumatismo craneoencefálico y otros trastornos neuropsiquiátricos que afectan especialmente a los veteranos de guerra.
Una coalición bipartidista inusual
La carta fue liderada por los representantes Jack Bergman (republicano de Michigan) y Lou Correa (demócrata de California), co-presidentes del Caucus Parlamentario para el Avance de las Terapias Psicodélicas (Congressional Psychedelics Advancing Therapies Caucus). La existencia misma de este caucus —creado para promover la investigación y el acceso a los psicodélicos terapéuticos— es indicativa del cambio de percepción política que ha vivido el campo en los últimos años.
El hecho de que legisladores de ambos partidos se unan para presionar a la FDA en esta dirección refleja que la causa de los psicodélicos terapéuticos ha logrado trascender las líneas divisorias habituales de la política estadounidense. Para los republicanos, el argumento central suele ser la atención a los veteranos militares y la apertura a tratamientos alternativos frente al monopolio farmacéutico convencional. Para los demócratas, el énfasis recae en la salud mental como prioridad de salud pública y en la necesidad de innovar en tratamientos para poblaciones desatendidas.
El contenido de la carta
En su comunicación a la FDA, los legisladores piden que el organismo adopte «‘una revisión expedita y rápida’ de los tratamientos prometedores, especialmente aquellos que abordan necesidades urgentes no cubiertas en el PTSD, el traumatismo cerebral traumático y otras afecciones neuropsiquiátricas». La carta cita los avances científicos de los últimos años —incluyendo los resultados positivos de Fase 3 de Compass Pathways— como evidencia de que la ciencia está lista para el siguiente paso regulatorio.
Los legisladores también expresan su preocupación por el ritmo habitual de revisión de la FDA, que en condiciones normales puede extenderse entre 10 y 12 meses desde la presentación de una solicitud de nuevo medicamento. En el contexto de una crisis de salud mental de primer orden —con tasas de suicidio entre veteranos persistentemente elevadas y millones de estadounidenses sin respuesta adecuada a los antidepresivos convencionales— ese plazo puede representar literalmente la diferencia entre la vida y la muerte para muchos pacientes.
La NDAA 2027: psicodélicos en la agenda de defensa
La presión legislativa no se limita a la carta a la FDA. El Comité de Servicios Armados de la Cámara de Representantes integró en el proyecto de Ley de Autorización de Defensa Nacional para el año fiscal 2027 nuevas provisiones que instruyen al liderazgo militar a investigar vías de acceso a las terapias psicodélicas para los miembros en servicio activo. Esta incorporación señala que el debate sobre los psicodélicos ha alcanzado el corazón mismo de la política de defensa, un territorio tradicionalmente refractario a cualquier asociación con sustancias psicoactivas.
La inclusión en la NDAA es especialmente significativa porque este proyecto de ley es uno de los pocos que se aprueban prácticamente de manera garantizada cada año, lo que le otorga un carácter de mandato político de primer orden. Si las provisiones sobre psicodélicos sobreviven al proceso legislativo, el Departamento de Defensa quedará obligado a explorar activamente el acceso de sus efectivos a estas terapias, potencialmente incluso antes de las aprobaciones formales de la FDA.
El análisis legal: entre la esperanza y la cautela
Los expertos legales consultados por medios especializados advierten que la combinación de la orden ejecutiva de Trump, las iniciativas legislativas del Congreso y la aceleración regulatoria de la FDA crea lo que algunos denominan «un momento potencial de ruptura» para los psicodélicos. Sin embargo, también señalan los obstáculos que persisten: la clasificación de la mayoría de los psicodélicos como sustancias de la Clase I a nivel federal sigue siendo una barrera real, y su eliminación requeriría acción adicional de la DEA, un proceso que tiene sus propios tiempos y complejidades.
Además, la aprobación de un medicamento por la FDA no equivale automáticamente a su disponibilidad clínica. Se necesitan marcos de reembolso por seguros médicos, estándares de formación para los terapeutas, protocolos de supervisión para las clínicas y sistemas de seguimiento de resultados. Todo esto lleva tiempo, y cuanto antes empiece a prepararse el sistema de salud, menos traumática será la transición.
El momento político es ahora
Lo que está quedando claro en el verano de 2026 es que el campo de los psicodélicos terapéuticos ha alcanzado una masa crítica de apoyo político que hace muy difícil la vuelta atrás. Los legisladores que firman cartas a la FDA, los comités del Congreso que integran provisiones sobre psicodélicos en la NDAA y los presidentes que firman órdenes ejecutivas de aceleración no actúan en el vacío: responden a una combinación de evidencia científica sólida, presión de sus electores —especialmente de la comunidad de veteranos— y un cambio cultural profundo en la percepción pública de estas sustancias.
Fuente: Marijuana Moment – King & Spalding