Entre las decenas de cepas de Psilocybe cubensis que circulan hoy en comunidades de micología y cultivo, pocas tienen un origen tan ligado a la cultura de internet de comienzos de siglo como «Lizard King». Según reconstruyó la revista DoubleBlind, la historia empieza con un usuario del foro especializado Shroomery que se hacía llamar, precisamente, «Lizard King».
Un micólogo aficionado con un apodo prestado
El apodo no era casual: es un homenaje directo a Jim Morrison, cantante de The Doors, que en uno de sus poemas se autodenominó «el Rey Lagarto». El usuario, un micólogo aficionado de Georgia (Estados Unidos), se dedicaba a salir a buscar hongos silvestres y compartir fotografías, consejos de identificación e impresiones de esporas con la comunidad online a comienzos de los años 2000, en la época dorada de los foros temáticos previos a las redes sociales.
Del bosque al cultivo doméstico
Las versiones sobre el lugar exacto del hallazgo varían: algunos relatos sitúan el descubrimiento en un sustrato poco habitual para esta especie —estiércol de caballo mezclado con viruta de madera—, mientras que otras fuentes ubican el origen en el norte de México. Lo que coincide en todos los relatos es que, tras encontrar el ejemplar, «Lizard King» lo llevó a su casa, lo aisló genéticamente y comenzó a intercambiar esporas con otros miembros del foro, un método artesanal y descentralizado de propagación que caracterizó a buena parte del cultivo de psicodélicos antes de la legalización parcial actual.
Por qué sigue siendo relevante
Dos décadas después, «Lizard King» se mantiene como una de las cepas más solicitadas entre cultivadores por su vigor, su tamaño y —según reportes anecdóticos, no verificados clínicamente— por la intensidad de sus efectos subjetivos. Su historia es también un recordatorio de cómo buena parte del conocimiento práctico sobre psicodélicos que hoy alimenta programas clínicos regulados en Oregón o Colorado se preservó y circuló durante años gracias a comunidades de aficionados anónimos, mucho antes de que la ciencia académica o la industria farmacéutica mostraran interés formal en estas sustancias.
Fuente: DoubleBlind Magazine