En mayo de 1975, el filósofo francés Michel Foucault tomó LSD por primera vez en el desierto de Death Valley, California. El episodio, hoy célebre entre lectores de su obra, no fue una anécdota aislada: según quienes lo acompañaron, marcó un giro en la forma en que Foucault pensaba el cuerpo, el placer y el cuidado de sí. Medio siglo después, el periodista científico brasileño Marcelo Leite recorrió la misma ruta para reconstruir esa noche y preguntarse qué queda de aquel momento en la cultura psicodélica actual.
Una noche de ácido en Zabriskie Point
El relato original proviene del libro Foucault in California, escrito por el historiador Simeon Wade, quien organizó la experiencia junto a su pareja, Michael Stoneman. Wade era un exestudiante de Harvard que había llegado a California inspirado por la película Zabriskie Point (1970), de Michelangelo Antonioni. Foucault, entonces profesor visitante en Berkeley, llegó a Claremont con la intención de tomar solo media dosis, pero finalmente tomó la dosis completa en Artist’s Palette, combinada con marihuana y licor Grand Marnier. El grupo pasó la noche entera, del atardecer al amanecer, en Zabriskie Point. Según el relato de Wade, Foucault comparó la experiencia con el único otro momento en que había sentido un acceso similar a «la Verdad»: tener sexo con un desconocido.
La película que lo inspiró todo
Zabriskie Point, la película que inspiró a Wade a mudarse a California, sigue la historia de dos jóvenes contraculturales interpretados por Mark Frechette y Daria Halprin, quienes también fueron pareja en la vida real. Frechette murió en prisión a los 27 años, tras ser condenado por un robo a un banco; Halprin dejó la actuación y se formó como terapeuta corporal. La escena final de la película, con la explosión de una mansión de consumo en cámara lenta, se convirtió en un símbolo de la crítica contracultural de la época a la que Foucault, en su propio lenguaje filosófico, también apuntaba.
Del panóptico al cuidado de sí
Antes de ese viaje, Foucault ya había desarrollado buena parte de su trabajo sobre la vigilancia y la disciplina, incluida su lectura del panóptico de Jeremy Bentham. Según Leite, el periodo californiano coincidió con un giro posterior en su obra hacia los «usos de los placeres» y el «cuidado de sí», un cambio que algunos críticos interpretaron como una forma de despolitización y que otros leen como una profundización de su pensamiento sobre la subjetividad. Foucault llegó a decir que, si California se desprendiera del resto del continente, se convertiría en una isla aparte, distinta del resto de Estados Unidos. Como ocurrió con otras figuras clave de la historia del LSD en la cultura estadounidense, por ejemplo Timothy Leary, el episodio muestra cómo la sustancia también atravesó a buena parte de la intelectualidad del siglo XX.
Qué queda del renacimiento psicodélico
Leite cierra su crónica con una reflexión crítica: sostiene que el actual auge de la investigación psicodélica no es, en su visión, un verdadero renacimiento contracultural, sino que la sustancia se ha convertido sobre todo en una herramienta individual para tratar la depresión, la ansiedad o las adicciones, en un contexto de vigilancia constante en redes sociales. El autor recupera también la figura del teórico cultural británico Mark Fisher, creador del concepto de «realismo capitalista» y de la idea de un «comunismo ácido», que murió en 2017. A cincuenta años de aquella noche en el desierto, el relato de Wade sigue funcionando como un recordatorio de que, para Foucault, el LSD no fue un simple experimento recreativo, sino una experiencia que atravesó su manera de pensar el poder, el placer y la libertad.
Fuente: Chacruna Institute