Durante décadas, la adicción a la cocaína ha sido uno de los pocos trastornos por consumo de sustancias sin ningún medicamento aprobado que demuestre eficacia sostenida. Un ensayo clínico liderado por investigadores de la Universidad de Alabama en Birmingham (UAB), publicado en JAMA Network Open, ofrece la primera evidencia aleatorizada y controlada de que la psilocibina podría cambiar ese panorama.

Un estudio de una década

El ensayo, dirigido por el investigador Peter Hendricks, tardó cerca de diez años en completarse: reclutó a 40 adultos con trastorno por consumo de cocaína, con una edad promedio de 50 años, en su mayoría hombres y personas afrodescendientes, todos motivados a dejar de consumir. Se trata de una población frecuentemente subrepresentada en los ensayos clínicos de psicodélicos, que históricamente reclutaron mayoritariamente participantes blancos de clase media.

Cómo se diseñó el ensayo

Los participantes fueron asignados aleatoriamente a recibir una única dosis oral de psilocibina (25 mg por cada 70 kg de peso corporal) o un placebo activo —100 mg de difenhidramina, un antihistamínico con efectos sedantes que simula parte de la experiencia subjetiva de una sustancia psicoactiva—, durante una sesión de un día completo de tratamiento supervisado con apoyo psicoterapéutico antes y después de la dosis.

Resultados a los seis meses

Quienes recibieron psilocibina junto con psicoterapia mostraron mayor abstinencia de cocaína que el grupo que recibió placebo con psicoterapia, medida a los 180 días de la dosis. Es un hallazgo relevante no solo por la magnitud del efecto, sino porque se trata del primer estudio que logra demostrar, con el estándar más exigente del diseño experimental —aleatorizado, controlado y cuádruple ciego—, que la psilocibina puede tener un rol específico en el tratamiento de esta adicción en particular.

Qué significa para el campo

Hasta ahora existían terapias conductuales para el trastorno por consumo de cocaína, pero ningún fármaco había demostrado eficacia clínica sólida. Los propios autores subrayan que, aunque los resultados son alentadores, el tamaño de la muestra sigue siendo reducido y se necesitan ensayos más grandes y multicéntricos antes de pensar en una eventual aprobación regulatoria. Aun así, el estudio se suma a un cuerpo creciente de investigación —incluidos ensayos en curso con psilocibina para el trastorno por consumo de metanfetamina y opioides— que posiciona a los psicodélicos como una de las pocas familias de compuestos con evidencia clínica real en el tratamiento de las adicciones a estimulantes.

Fuente: UAB News

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