Mientras buena parte de la industria psicodélica corre hacia la aprobación de fármacos que producen experiencias intensas y requieren supervisión de varias horas, Carey Turnbull lleva casi una década apostando por lo contrario: una molécula que es LSD en casi todo, salvo en que no provoca alucinaciones. Esta semana volvió a redoblar esa apuesta, según informó el boletín de Psychedelic Alpha del 7 de agosto.

Un átomo de diferencia

La molécula se llama BOL-148 —2-bromo-dietilamida del ácido lisérgico— y se distingue del LSD por un solo átomo: un bromo sustituye a un hidrógeno en la posición 2 del anillo indol. Ese cambio mínimo altera radicalmente el perfil farmacológico. Los ensayos clínicos y experimentales con BOL-148, que se remontan a la década de 1950, la describen de forma consistente como no alucinógena.

Esa combinación —parentesco químico casi total con el LSD, ausencia de efectos psicodélicos— la convirtió durante décadas en una herramienta de laboratorio: se usaba precisamente como control para aislar qué efectos del LSD dependían de la experiencia subjetiva y cuáles no.

De herramienta de laboratorio a candidata terapéutica

El interés clínico moderno arrancó en 2010, cuando una serie de casos abierta y no aleatorizada, publicada por Matthias Karst, John Halpern, Michael Bernateck y Torsten Passie, documentó el uso de BOL-148 como tratamiento preventivo de la cefalea en racimo, uno de los dolores más severos que registra la medicina y para el que las opciones terapéuticas son escasas.

Turnbull fundó Ceruvia Lifesciences en 2017 con ese horizonte. La compañía se presentó como la primera productora mundial de LSD certificado bajo normas de fabricación cGMP y también del análogo no alucinógeno BOL-148, rebautizado NYPRG-101 en su programa clínico. En 2023 anunció la dosificación del primer participante en un ensayo de Fase 1.

Las indicaciones que la empresa explora se concentran en neurología —cefalea en racimo y migraña— y, en modelos preclínicos, en trastornos por uso de sustancias.

La tensión de fondo del campo

La apuesta de Turnbull toca uno de los debates más persistentes del renacimiento psicodélico: ¿es la experiencia subjetiva un ingrediente necesario del efecto terapéutico, o un efecto secundario prescindible?

Quienes desarrollan compuestos no alucinógenos —Ceruvia con BOL-148, la danesa Lophora, Clearmind Medicine y varios laboratorios académicos— argumentan que separar el beneficio del viaje abriría la puerta a tratamientos que no exigen sesiones de ocho horas, personal acompañante ni certificaciones especiales, y que por tanto podrían escalar a millones de pacientes.

Del otro lado, buena parte de la investigación clínica en depresión y TEPT sugiere que la intensidad de la experiencia mística correlaciona con la magnitud de la mejoría. La cefalea en racimo, sin embargo, es un caso distinto: si el efecto preventivo es fundamentalmente farmacológico y no psicológico, la molécula sin viaje tendría una ventaja evidente. Los ensayos en curso son los que deberán decidirlo.

Imagen: «Graduated cylinders and beaker filled with chemical compounds» de Horia Varlan, licencia CC BY vía Openverse.

Fuente: Psychedelic Alpha