Kentucky se perfila como una de las apuestas económicas más fuertes de EE.UU. por la ibogaína, y lo hace tras un pulso político poco habitual. El proyecto de ley SB 77, que destina 21 millones de dólares por cada año fiscal del bienio 2026-2028 a investigar este psicodélico frente a las adicciones, salió adelante después de que el Legislativo anulara el veto del gobernador Andy Beshear.
Un veto revertido con holgura
Beshear había vetado la iniciativa, pero las cámaras estatales tenían otra idea: el Senado revirtió el veto con 31 votos a favor y 6 en contra, y la Cámara de Representantes hizo lo propio con 77 a favor y 18 en contra. Las mayorías, amplias y bipartidistas, dejan claro que el respaldo a la investigación con ibogaína en Kentucky trasciende las líneas partidarias, un patrón que se repite en varios estados del país.
Para qué es el dinero
Los fondos no financian tratamientos directos, sino la creación de un marco para estudiar el uso de la ibogaína en el abordaje de los trastornos por consumo de sustancias. Kentucky es uno de los estados más golpeados por la crisis de los opioides, y ese contexto explica el interés bipartidista: la ibogaína ha generado expectativas como posible herramienta para interrumpir la dependencia, aunque su perfil de riesgo cardíaco obliga a una investigación rigurosa y supervisada antes de cualquier aplicación clínica.
Kentucky, dentro de una ola estatal
La decisión encaja en un movimiento más amplio. Texas comprometió 50 millones de dólares para su propio programa; Misisipi promulgó su ley de ensayos con ibogaína; Colorado avanza con un piloto coordinado con las agencias federales; e Indiana acaba de ampliar su fondo de psilocibina para incluir la ibogaína. A nivel federal, la recién presentada Ley IBOGAINE busca reevaluar la clasificación de la sustancia. La suma de todas estas iniciativas dibuja un mapa en el que la ibogaína —marginal hasta hace poco— se ha convertido en uno de los grandes focos de la política psicodélica estadounidense.
Fuente: Americans for Ibogaine / MAPS
Foto: Ken Lund, licencia BY-SA 2.0 vía Openverse