Una de las grandes promesas de la ketamina como antidepresivo de acción rápida choca con un problema práctico: sus efectos disociativos —la sensación de estar desconectado del cuerpo o del entorno— obligan a administrarla bajo supervisión médica. Un nuevo trabajo publicado en JAMA Network Open sugiere que ese obstáculo podría sortearse con una formulación oral de liberación prolongada, bautizada como KET01.
Un comprimido frente a un aerosol nasal
La compañía HMNC Brain Health, a través de su filial Ketabon, presentó los resultados de dos ensayos clínicos que evalúan KET01, una tableta de ketamina racémica de liberación prolongada pensada para tratar la depresión resistente al tratamiento. La novedad más llamativa surgió al compararla cara a cara con la esketamina intranasal (comercializada como Spravato), hoy la referencia aprobada para estos pacientes.
En el ensayo comparativo, la diferencia en disociación fue abismal. Medida con la escala CADSS en las 24 horas posteriores a la toma, la esketamina nasal produjo un aumento medio cercano a los 30 puntos, mientras que con KET01 el cambio fue de apenas 0,7 puntos. Tampoco se observaron con el comprimido las alteraciones de la frecuencia cardíaca ni de la presión arterial que suelen acompañar a la vía nasal.
Efecto antidepresivo sin el «viaje»
El dato clave para los investigadores es que la mejoría del estado de ánimo no dependió de esa disociación. En la fase 2, la dosis de 240 mg al día produjo reducciones rápidas en la escala de depresión MADRS, con efectos que empezaban a notarse a las pocas horas de la primera toma y diferencias frente al placebo ya en los días 4 y 7 del tratamiento.
Que el beneficio aparezca sin la experiencia disociativa es relevante para el debate de fondo sobre cómo funcionan estos fármacos: durante años se discutió si la vivencia alterada de la conciencia era parte necesaria del mecanismo terapéutico o un efecto secundario prescindible. Estos resultados apuntan a lo segundo, al menos para la ketamina.
La apuesta por el tratamiento en casa
La ausencia de disociación marcada y de efectos cardiovaculares abre la puerta a algo que hasta ahora era impensable con la ketamina: la administración domiciliaria. Un comprimido que se pueda tomar en casa, sin monitorización intensiva, reduciría de forma drástica los costes y las barreras de acceso frente a los protocolos actuales, que exigen varias horas de vigilancia clínica por sesión.
Conviene mantener la prudencia. Se trata de ensayos en fases relativamente tempranas y con muestras limitadas, de modo que hará falta confirmar la eficacia y la seguridad a largo plazo en estudios más amplios antes de que un fármaco así llegue a las farmacias. Aun así, el resultado refuerza una tendencia clara en el campo: la búsqueda de antidepresivos de acción rápida más cómodos y seguros de usar.
Fuente: BioSpace / JAMA Network Open