Un ensayo clínico aleatorizado ha puesto a prueba algo que hasta ahora solo se intuía: que la psilocibina, administrada en dosis altas y repetidas, puede aliviar el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) de forma sustancial. Los resultados, publicados en el Journal of Psychopharmacology, muestran que casi tres de cada cuatro participantes respondieron al tratamiento y que cuatro de cada diez alcanzaron la remisión completa.

Cómo se diseñó el ensayo

El equipo, encabezado por Francisco A. Moreno, trabajó con quince adultos diagnosticados de TOC. En una primera fase a doble ciego, los participantes recibieron cuatro sesiones semanales con una de tres condiciones: psilocibina en dosis alta (300 microgramos por kilo de peso), psilocibina en dosis baja (100 microgramos por kilo) o un placebo activo, en este caso lorazepam. El placebo activo es un detalle importante: al producir efectos perceptibles, dificulta que los participantes adivinen en qué grupo están, uno de los talones de Aquiles de la investigación psicodélica.

Después vino una segunda fase en la que todos los participantes recibieron cuatro dosis altas adicionales. La gravedad de los síntomas se midió con la escala Yale-Brown (Y-BOCS), el instrumento estándar en TOC.

Los números

Al cabo de ocho semanas de tratamiento, cuando todos los participantes habían recibido al menos cuatro dosis altas, el 73,3% cumplía criterios de respuesta, definida como una reducción de al menos el 35% en la puntuación Y-BOCS. El 40% había entrado en remisión. La psilocibina redujo las puntuaciones de forma significativa; el placebo, no.

El seguimiento a seis meses arroja un panorama más matizado. La remisión completa se mantuvo solo en el 20% de los participantes, pero el 66,7% seguía mostrando una reducción de síntomas del 25% o más. Es decir: el efecto se erosiona con el tiempo en algunos casos, pero una mayoría conserva una mejoría clínicamente relevante medio año después de la última sesión.

Seguridad y límites

En cuanto a la tolerabilidad, el ensayo no registró eventos adversos graves, ni síntomas psicóticos, ni cambios significativos en las escalas de gravedad del riesgo suicida. Es un dato relevante en una población que suele arrastrar años de tratamientos fallidos con inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina y terapia de exposición.

Conviene, aun así, no leer estas cifras como una promesa. Quince participantes son muy pocos: los porcentajes se traducen en once respondedores y seis remisiones. Un ensayo de este tamaño sirve para establecer que la señal existe y que el protocolo es viable, no para estimar con precisión cuánta gente se beneficiaría en la práctica clínica. El propio diseño, con una fase abierta después de la fase ciega, complica separar el efecto farmacológico de la expectativa.

Lo que sí aporta el estudio es una pieza que faltaba: hasta ahora, la evidencia sobre psilocibina y TOC procedía casi toda de estudios de dosis única o de series de casos pequeñas. Este es uno de los primeros trabajos en explorar sistemáticamente qué ocurre cuando se administran varias dosis altas separadas en el tiempo, y sugiere que la repetición podría importar tanto como la dosis.

Fuente: Journal of Psychopharmacology

Imagen: gailhampshire, licencia CC BY 2.0, vía Openverse.