La ketamina reduce la ideación suicida en cuestión de horas, un efecto que ningún antidepresivo convencional consigue. Lo que nadie sabe todavía es por qué. Un ensayo controlado publicado en el Journal of Affective Disorders aporta una pista inesperada: el cortisol, la hormona del estrés, sube tras la infusión y se mantiene elevado al menos 24 horas, exactamente cuando el efecto clínico alcanza su punto máximo.
Ochenta pacientes, dos fármacos
El equipo dirigido por Michael Grunebaum, del Columbia University Medical Center y el New York State Psychiatric Institute, reclutó a 80 adultos de entre 18 y 65 años ingresados voluntariamente en una unidad de investigación. Todos cursaban un episodio depresivo mayor y puntuaban cuatro o más en la escala de ideación suicida, es decir, presentaban pensamientos suicidas activos y graves.
Se asignaron al azar a recibir una única infusión intravenosa de 40 minutos: ketamina a dosis subanestésica (0,5 mg/kg) o midazolam (0,02 mg/kg) como control. El midazolam se eligió precisamente porque produce sedación, lo que ayuda a que el paciente no adivine qué le han administrado.
Saliva al despertar
La medición fue meticulosa. Los participantes recogían una muestra de saliva al despertar y otra exactamente treinta minutos después, en ayunas y sin haberse lavado los dientes, para capturar la llamada respuesta de despertar del cortisol —el pico hormonal que se produce en la primera media hora tras abrir los ojos—. El análisis final incluyó a 63 personas (31 con ketamina y 32 con midazolam), tras excluir a quienes no siguieron el protocolo o aportaron muestras insuficientes. Se controló la hora exacta de recogida, el tabaco, la cafeína y la medicación psiquiátrica estable.
Qué se encontró
En el grupo de ketamina, el cortisol al despertar pasó de una media normalizada de 0,42 antes de la infusión a 0,80 después. En el grupo de midazolam no hubo tal aumento: sus valores incluso descendieron ligeramente, de 0,97 a 0,77. La diferencia se mantuvo al ajustar por los niveles basales.
«El mensaje principal es que los niveles de cortisol aumentaron 24 horas después del tratamiento con ketamina, lo que coincide con el pico de sus efectos clínicos sobre los pensamientos suicidas y los síntomas depresivos», explicó Grunebaum. Y subrayó un detalle temporal relevante: ese aumento ocurre muchas horas después de que se hayan disipado los efectos disociativos agudos, que suelen resolverse en menos de una hora.
Una correlación que aún no cierra
Aquí conviene frenar. Aunque el incremento del cortisol fue estadísticamente significativo y de tamaño de efecto moderado, su correlación con la reducción de los pensamientos suicidas resultó pequeña o mediana y no alcanzó significación. Con la gravedad global de la depresión no correlacionó en absoluto. En cuanto a la respuesta de despertar propiamente dicha —la variación proporcional entre las dos muestras—, ninguno de los dos grupos la modificó de forma apreciable.
Es decir: la ketamina mueve el eje del estrés, pero todavía no está demostrado que ese movimiento sea la causa de su efecto antisuicida. «Entender la relevancia práctica de estos efectos requiere más investigación», reconoció el propio autor. La búsqueda de un biomarcador —un indicador biológico medible que diga si el tratamiento está funcionando— sigue abierta.
Fuente: PsyPost
Imagen: «Test tubes», Håkan Dahlström (CC BY).
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