Un equipo de investigadores brasileños ha puesto a prueba una de las hipótesis más repetidas sobre la ayahuasca: que la bebida amazónica no solo altera la percepción, sino que puede proteger físicamente al cerebro del desgaste que provoca el estrés sostenido. El trabajo, publicado en Translational Psychiatry, se hizo con titíes comunes (Callithrix jacchus), pequeños primates del noreste de Brasil, y sus resultados apuntan en esa dirección, aunque con un número de animales tan reducido que los propios autores piden cautela.

Por qué titíes y por qué la corteza somatosensorial

El equipo, encabezado por Luiz Roberto Fernandes Pereira, eligió esta especie porque su cerebro carece de circunvoluciones, lo que facilita enormemente el análisis anatómico de regiones concretas. La diana del estudio fue la corteza somatosensorial, un área que en los cuadros depresivos llega a perder hasta un 30% de las espinas dendríticas —las estructuras por donde las neuronas reciben señales—, con el consiguiente deterioro del procesamiento de información.

Nueve semanas de aislamiento

Seis animales juveniles, de entre siete y nueve meses, se repartieron en tres grupos de dos: uno permaneció con su familia durante todo el experimento; otro fue separado y confinado en jaulas individuales durante nueve semanas para inducir un estrés social crónico equiparable a la depresión humana; y el tercero pasó por ese mismo aislamiento, pero recibió tres dosis de té de ayahuasca (1,67 mL por cada 300 g de peso) administradas por sonda oral. La primera se dio tres días antes de empezar el encierro, y las otras dos a los 25 y 50 días.

Lo que mostró el tejido cerebral

Al analizar los tejidos, los animales aislados sin tratamiento presentaban una reducción significativa del volumen neuronal frente a los que habían permanecido con sus familias. En cambio, el grupo que recibió ayahuasca conservó un volumen neuronal comparable al del grupo familiar, como si la bebida hubiera amortiguado el daño del aislamiento.

El resto de las mediciones fue menos concluyente. Ni la densidad neuronal ni el volumen cortical global alcanzaron significación estadística, sencillamente porque dos animales por grupo son insuficientes para evaluar estructuras cerebrales macroscópicas. Los autores hablan de «tendencias» que sugieren una preservación de la estructura cortical, y concluyen que estos hallazgos preliminares «subrayan el potencial de la ayahuasca para mitigar la atrofia cortical inducida por estrés» y su influencia sobre la plasticidad neural.

Un dato que conviene leer con lupa

La distancia entre un tití y una persona sigue siendo enorme. Compartimos buena parte de la fisiología, pero somos especies distintas, y lo que ocurre en la corteza de un primate pequeño tras tres dosis de una bebida concreta no se traslada automáticamente a un ser humano. El valor del estudio es otro: abre una vía anatómica —la protección estructural frente al estrés— que hasta ahora se había explorado sobre todo con marcadores moleculares y escalas clínicas.

La ayahuasca combina la liana Banisteriopsis caapi con hojas que contienen DMT. Los alcaloides harmalínicos de la liana inhiben la monoaminooxidasa y permiten que el DMT, que de otro modo se degradaría en el aparato digestivo, llegue activo al cerebro y actúe sobre los receptores de serotonina, en especial el 5-HT2A.

Fuente: PsyPost

Imagen: «Marmoset Monkey», MyStockPhotos (CC0).