Hay una intuición extendida en el mundo psicodélico: cuanto más se consume, más profundas se vuelven las experiencias. Un estudio publicado en Behavioral Sciences pone esa idea a prueba con herramientas de aprendizaje automático y encuentra algo distinto. La frecuencia de uso apenas predice nada. Lo que predice es la disposición a soltar el control.
Qué se midió y cómo
El equipo trabajó con una muestra de 150 personas reclutadas en línea y aplicó una regresión regularizada con elastic net, un algoritmo eficiente para modelar relaciones entre muchas variables sin sobreajustar los datos. El modelo cruzó las experiencias místicas con cuatro grupos de factores: el llamado estado de entrega (state of surrender), la frecuencia de consumo de psicodélicos, las experiencias cercanas a la muerte y las distintas facetas de la flexibilidad psicológica.
La flexibilidad psicológica no es un concepto vago: se descompone en habilidades medibles como la aceptación experiencial (permitir que aparezcan pensamientos y emociones incómodos sin pelearse con ellos), la defusión cognitiva (ver los pensamientos como pensamientos y no como hechos) y la conciencia del momento presente.
El resultado
Los predictores más robustos de la experiencia mística fueron el estado de entrega, la aceptación experiencial, la defusión cognitiva y la conciencia del momento presente. Ni la frecuencia de uso ni haber tenido una experiencia cercana a la muerte alcanzaron ese peso.
El patrón se repite en otro trabajo de 2026 que comparó experiencias autotrascendentes en consumo recreativo de psilocibina, MDMA y cannabis. Allí, la mentalidad —particularmente entregarse a la experiencia y tener motivaciones espirituales o prosociales— explicó hasta el 58% de la varianza, frente a un 10% o menos atribuible a la sustancia consumida. El título de ese estudio lo resume sin rodeos: la mentalidad por encima de la molécula.
Por qué importa clínicamente
La experiencia mística no es un adorno de la terapia psicodélica: en varios ensayos, su intensidad correlaciona con la magnitud de la mejoría en depresión, ansiedad y adicciones. Si lo que la produce es en buena medida una habilidad psicológica —y no un rasgo fijo ni una cuestión de dosis—, entonces es entrenable.
Eso apunta directo a la fase de preparación, la parte del protocolo que suele recibir menos atención que la sesión de dosificación. Prácticas de aceptación, defusión y atención plena, del tipo que emplea la terapia de aceptación y compromiso, podrían funcionar como preparación específica antes de una sesión, y no solo como acompañamiento genérico.
Los límites
Conviene no correr. La muestra es pequeña y reclutada en línea, con el sesgo de autoselección que eso implica: quien responde una encuesta sobre experiencias místicas suele tener interés previo en el tema. El diseño es correlacional, así que no permite afirmar que entrenar la entrega cause experiencias más profundas; podría ocurrir lo contrario, que quien ya tuvo experiencias intensas puntúe más alto en flexibilidad. Y las medidas dependen del autorreporte retrospectivo.
Aun con esos reparos, el hallazgo empuja en una dirección que la investigación viene señalando desde distintos ángulos: el resultado de una experiencia psicodélica se juega bastante antes de que la sustancia haga efecto.
Foto: HaPe_Gera, licencia CC BY.
Fuente: Behavioral Sciences