Con los psicodélicos clásicos —psilocibina, LSD— existe un consenso razonablemente sólido: cuanto más intensa es la experiencia mística durante la sesión, mayor suele ser la mejoría clínica. Una revisión sistemática de 2022 lo confirmó en varios trastornos. La pregunta que quedaba abierta era si la MDMA, que suele meterse en el mismo saco pero funciona de otra manera, sigue la misma regla.
La respuesta, publicada en el Journal of Psychopharmacology, es que no.
Cómo lo midieron
«La MDMA se discute a menudo junto con los psicodélicos, pero sus efectos subjetivos son distintos», explicó el autor principal, Tijmen Bostoen, psiquiatra e investigador de ARQ Centrum ’45 y doctorando en el Centro Médico Universitario de Leiden. «Hasta ahora no estaba claro si lo mismo se aplicaba a la terapia asistida con MDMA para el TEPT.»
El equipo reanalizó datos de dos ensayos clínicos previos con 53 participantes con TEPT crónico y resistente al tratamiento. El protocolo incluía tres sesiones preparatorias, dos sesiones de ocho horas con la sustancia separadas por unas semanas, y varias sesiones de integración posteriores. Los participantes recibieron al azar una dosis terapéutica estándar (entre 75 y 125 miligramos) o un placebo activo: una dosis muy baja de MDMA, de 30 o 40 miligramos, pensada para imitar las sensaciones físicas iniciales sin desplegar el efecto psicológico completo.
Al día siguiente de cada sesión, los pacientes completaban el Cuestionario de Experiencia Mística de 30 ítems, que puntúa cuatro dimensiones: unidad mística, estado de ánimo positivo profundo, trascendencia del tiempo y el espacio, e inefabilidad. Evaluadores independientes midieron la gravedad del TEPT antes del tratamiento y un mes después de la segunda sesión.
El resultado inesperado
La dosis estándar sí produjo experiencias místicas mucho más intensas: 63,1 puntos de media, alrededor del 42% del máximo posible, frente a 24,7 puntos (16%) en el grupo de placebo activo. Un 23% de quienes recibieron dosis completa cumplió los criterios formales de experiencia mística completa en al menos una sesión; en el grupo de placebo activo, nadie.
El grupo de dosis estándar también mejoró mucho más: una caída media de unos 36 puntos en una escala de 136, frente a unos 15 puntos del placebo.
Pero al comprobar si esa experiencia mística explicaba estadísticamente la mejoría, la puntuación global no funcionó como mediador significativo. «Esperaba que las experiencias de tipo místico jugaran algún papel, quizá menor que con los psicodélicos clásicos, pero aun así relevante», reconoció Bostoen. «Fue sorprendente que la puntuación global no mediara significativamente la mejoría de los síntomas.»
Solo un componente del cuestionario sí lo hizo: la subescala de estado de ánimo positivo, la que mide alegría, paz y amor. Fue el único factor que conectó de forma fiable el tratamiento con la reducción de síntomas.
Qué implica
«Esto sugiere que la terapia asistida con MDMA tiene menos que ver con trascender el yo y más con crear un estado emocionalmente abierto y positivo en el que las personas con TEPT puedan relacionarse de otra manera consigo mismas, con los demás y con los recuerdos traumáticos», planteó Bostoen.
El propio autor pone límites: se trata de un análisis secundario de datos que no fueron recogidos para responder esta pregunta, la muestra es modesta y mayoritariamente blanca, y hace falta replicación. Además, el cuestionario fue diseñado para psicodélicos clásicos, así que puede no capturar bien las sensaciones específicas de conexión y empatía que produce la MDMA.
Su conclusión apunta a algo que muchos clínicos y usuarios ya intuían: «No deberíamos asumir que todas las terapias asistidas con psicodélicos funcionan a través de los mismos mecanismos psicológicos.» Lo que habría que medir en el futuro, sugiere, es apertura emocional, autocompasión, empatía, conexión interpersonal y la capacidad de acercarse al recuerdo traumático sin desbordarse.
Fuente: PsyPost