Hay figuras que hacen ciencia y figuras que hacen mitología. Terence McKenna (1946–2000) hizo algo más raro: convirtió la experiencia psicodélica en un género literario y oral propio. No dirigió ensayos clínicos ni firmó papers en Nature, pero durante dos décadas fue la voz que más gente escuchó cuando quiso entender qué demonios pasaba dentro de un hongo. Su influencia sobre la cultura psicodélica contemporánea —incluida la hispanohablante— es difícil de exagerar, y también difícil de evaluar sin discutir.

De Paonia al Amazonas

Terence Kemp McKenna nació el 16 de noviembre de 1946 en Paonia, un pueblo minero del oeste de Colorado. Adolescente obsesionado con la geología, la ciencia ficción y el coleccionismo de fósiles, llegó a Berkeley en los años sesenta justo cuando la universidad era el epicentro de la contracultura estadounidense. Se graduó en un programa a medida que combinaba ecología, conservación de recursos naturales y chamanismo.

Antes de terminar sus estudios pasó años viajando por Asia: coleccionó mariposas en Indonesia, estudió arte tibetano en Nepal y se movió por los márgenes del contrabando de hachís. Pero el episodio que definiría su vida ocurrió en Sudamérica. En febrero de 1971, poco después de que su madre muriera de cáncer, Terence viajó con su hermano menor Dennis y un pequeño grupo de amigos hasta La Chorrera, en la Amazonía colombiana. Buscaban oo-koo-hé, un preparado indígena con DMT. Lo que encontraron fueron potreros llenos de Psilocybe cubensis.

Lo que sucedió allí —dosis altísimas de hongos, ayahuasca, un experimento que los hermanos creían capaz de producir un estado «superconductor» en su propio ADN— nunca fue ciencia, y ellos mismos lo reconocieron. Pero fue la semilla de todo lo demás. Dennis acabaría convirtiéndose en etnofarmacólogo profesional; Terence, en narrador de aquello que Dennis intentaría medir. Los dos firmaron juntos The Invisible Landscape (1975), el libro donde intentaron dar forma teórica al delirio de La Chorrera.

El manual que cambió el suministro

La contribución más concreta y menos discutida de McKenna llegó en 1976. Bajo los seudónimos O. T. Oss y O. N. Oeric, los hermanos publicaron Psilocybin: Magic Mushroom Grower’s Guide, el primer manual accesible para cultivar Psilocybe cubensis en casa. Hasta entonces, los hongos psilocibios eran algo que se recogía en el campo o se compraba de segunda mano. Después del manual, cualquiera con un frasco y arroz integral podía producirlos. Es probable que ningún texto haya afectado más la disponibilidad real de psilocibina en Occidente.

En 1985, junto a su entonces esposa, la etnobotánica Kathleen Harrison, fundó Botanical Dimensions, una organización dedicada a preservar plantas medicinales y el conocimiento tradicional asociado a ellas, con una reserva en Hawái. Fue su forma de devolver algo a los territorios —amazónicos, sobre todo— de los que había tomado tanto.

El mono drogado y la máquina del tiempo

En Food of the Gods (1992) planteó su idea más famosa y más atacada: la hipótesis del «mono drogado». Según McKenna, la incorporación de hongos psilocibios a la dieta de nuestros ancestros homínidos en la sabana africana habría acelerado la aparición del lenguaje, el arte y la conciencia simbólica. La hipótesis nunca se publicó en revistas científicas y la mayoría de paleoantropólogos la rechaza por falta de evidencia fósil. El propio McKenna la presentaba como una especulación fértil, no como un hecho.

Su otra gran construcción, la teoría de la novedad y el software Timewave Zero, predecía una singularidad histórica para diciembre de 2012. No ocurrió. McKenna, que había muerto doce años antes, no llegó a ver el fracaso de su propia profecía.

La cita

«La cultura no es tu amiga.»

— Terence McKenna, conferencia Shamans Among the Machines, 1999

La frase resume su posición: la cultura de masas no está diseñada para hacernos libres ni conscientes, sino para domesticarnos. Su receta era construir cultura propia, no consumirla. También insistía en que no creía en nada de forma absoluta y en que sus ideas debían tomarse como hipótesis interesantes, no como verdades.

Legado

Terence McKenna murió el 3 de abril de 2000, a los 53 años, de un glioblastoma. Dejó centenares de horas de conferencias grabadas que circulan hoy en YouTube, samplean músicos electrónicos y encuentran nuevas generaciones cada año. Su relación con la ciencia psicodélica actual es ambigua: investigadores como Robin Carhart-Harris o Roland Griffiths trabajaron precisamente para separar el campo de la retórica mesiánica que McKenna encarnaba. Y sin embargo, buena parte del interés público que hoy financia esos ensayos nació escuchándolo.

En el mundo hispanohablante su huella es doble: fue el divulgador que popularizó la ayahuasca y los hongos amazónicos ante un público global, y al mismo tiempo un recordatorio incómodo de que aquel conocimiento pertenecía a comunidades indígenas de Colombia, Perú y Brasil que rara vez fueron quienes cobraron la conferencia.

Para saber más

  • Libros: El manjar de los dioses (Food of the Gods, 1992, traducido al español); Alucinaciones reales (True Hallucinations, 1993); The Invisible Landscape (1975, con Dennis McKenna).
  • Sobre La Chorrera: The Brotherhood of the Screaming Abyss (2012), de Dennis McKenna — la versión del hermano científico.
  • Conferencias: el archivo de audio de McKenna está ampliamente disponible en YouTube; empieza por Shamans Among the Machines (1999) y sus charlas en el Instituto Esalen.
  • En este portal: nuestro perfil de Dennis McKenna, el hermano que llevó la ayahuasca al laboratorio.