Durante décadas, el apellido McKenna evocó una sola imagen: la de Terence, el orador hipnótico que hablaba de elfos de DMT y del fin de la historia. Pero había un segundo McKenna. Mientras su hermano mayor construía una mitología, Dennis McKenna se encerraba en laboratorios de farmacología a hacer la pregunta menos glamorosa y más importante: ¿qué hacen exactamente estas plantas dentro del cuerpo humano? La respuesta a esa pregunta —y no las profecías— es lo que terminó abriendo las puertas de la ciencia moderna a la ayahuasca.
De Paonia al Amazonas
Dennis Jon McKenna nació el 17 de diciembre de 1950 en Paonia, un pueblo minero de Colorado, Estados Unidos. Creció con un hermano cuatro años mayor y una curiosidad compartida por la botánica, la ciencia ficción y los límites de la mente.
En 1971, con apenas 20 años, viajó junto a Terence y un puñado de amigos a La Chorrera, un caserío perdido en la Amazonía colombiana, cerca del río Putumayo. Buscaban oo-koo-hé, una preparación alucinógena de los pueblos witoto. Lo que encontraron fue una experiencia desbordante con hongos Psilocybe cubensis que los llevó a formular teorías extravagantes sobre la conciencia y el tiempo. Aquel grupo se autodenominó «la hermandad del abismo aullante», nombre que Dennis rescataría cuarenta años después para el título de sus memorias.
La Chorrera pudo haber terminado en anécdota psicodélica. En su lugar, marcó el rumbo de una carrera académica: licenciatura en biología por la Universidad de Colorado (1973), maestría en botánica por la Universidad de Hawái (1979) y doctorado en ciencias botánicas por la Universidad de Columbia Británica (1984), con una tesis sobre inhibidores de la monoaminooxidasa en plantas alucinógenas amazónicas. Después vinieron estancias posdoctorales en el Instituto Nacional de Salud Mental (NIMH) y en la Facultad de Medicina de Stanford.
Por qué la ayahuasca funciona
La tesis doctoral de McKenna resolvió, en términos farmacológicos, uno de los enigmas centrales de la ayahuasca. La DMT que contiene la chacruna es destruida en el estómago por una enzima, la MAO. Los beta-carbolinos de la liana Banisteriopsis caapi inhiben esa enzima y permiten que la DMT llegue al cerebro. Los pueblos amazónicos habían dado con esa combinación siglos antes de que existiera la bioquímica; McKenna fue de los primeros en explicar su mecanismo con rigor de laboratorio.
Su aporte más citado llegó en 1993, cuando organizó y coordinó el Proyecto Hoasca en Brasil: el primer estudio biomédico serio sobre el uso ritual y prolongado de ayahuasca, realizado con miembros de la iglesia União do Vegetal (UDV) en Manaos. El equipo midió química cerebral, funciones hepáticas y salud psicológica de personas que llevaban años bebiendo el brebaje de forma sacramental. Los resultados —que no mostraron el deterioro que muchos anticipaban— cambiaron el marco de la discusión y son hoy referencia obligada en los debates legales sobre la ayahuasca en Occidente.
Fuera del terreno psicodélico, McKenna trabajó como director de etnofarmacología en Shaman Pharmaceuticals y como farmacognosista sénior en Aveda, buscando compuestos útiles en la flora tropical. Entre 2000 y 2017 enseñó etnofarmacología en el Centro de Espiritualidad y Sanación de la Universidad de Minnesota. Es además miembro fundador de la junta del Instituto Heffter, la organización que financió buena parte de los ensayos con psilocibina de las últimas dos décadas.
Una cita para entenderlo
«Estábamos en esa etapa de la vida en la que creíamos que lo sabíamos todo. En realidad, no sabíamos nada.»
La frase, sobre el viaje a La Chorrera, resume su postura intelectual: una desconfianza sana hacia las certezas fáciles, incluidas las propias. Es exactamente lo contrario del entusiasmo evangelizador que suele rodear a los psicodélicos.
Legado y presente
A sus 75 años, McKenna sigue activo. Desde 2019 impulsa la McKenna Academy of Natural Philosophy, una organización sin fines de lucro dedicada al estudio de las medicinas vegetales, la conciencia y —punto que él subraya con insistencia— la preservación del conocimiento indígena. También ha impulsado los simposios ESPD (Ethnopharmacologic Search for Psychoactive Drugs), que reunieron a etnobotánicos de todo el mundo medio siglo después del encuentro fundacional de 1967.
Su vínculo con el mundo hispanohablante es profundo y de campo: trabajo en la Amazonía colombiana y peruana, colaboración con investigadores brasileños y participación habitual en el Foro Mundial de la Ayahuasca que organiza ICEERS desde España. En un momento en que la ayahuasca se globaliza a gran velocidad, McKenna insiste en una advertencia incómoda: el turismo psicodélico presiona ecosistemas y comunidades que no pidieron ser destino de nadie.
Para saber más
- Libro: The Brotherhood of the Screaming Abyss: My Life with Terence McKenna (2012), sus memorias.
- Libro: The Invisible Landscape (1975), escrito junto a Terence McKenna.
- Libro: Ethnopharmacologic Search for Psychoactive Drugs: 50 Years of Research (2018), volumen del simposio ESPD50.
- Estudio: los resultados del Proyecto Hoasca, publicados en The Journal of Nervous and Mental Disease (1996).
- Entrevistas: sus conversaciones largas en el podcast de Tim Ferriss y en The Joe Rogan Experience, disponibles en YouTube.
- Web: McKenna Academy of Natural Philosophy (mckenna.academy).