El martes, la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada para la Salud de Estados Unidos (ARPA-H, por su nombre en inglés) organizó en Washington D.C. una jornada de trabajo dedicada a su convocatoria de financiación para estudiar la ibogaína, bautizada ASCENT-IBO: Accelerating Safe Clinical Evaluation of Novel Treatments — Ibogaine for Better Outcomes in Opioid Use Disorder.

Un «Proposers’ Day» para armar equipos

El encuentro funcionó como lo que en la jerga de las agencias federales estadounidenses se llama un «Proposers’ Day»: una instancia pensada para que investigadores, clínicos y desarrolladores interesados en presentar propuestas puedan conocerse, intercambiar ideas y formar los equipos multidisciplinarios que exige un ensayo clínico de esta envergadura.

Qué pide la convocatoria

Según el aviso especial que ARPA-H publicó semanas atrás, la agencia espera que los proyectos presentados incluyan un diseño de estudio clínico —idealmente una combinación de Fase I y Fase II— además de un plan de desarrollo a futuro para llevar la ibogaína desde la investigación hasta un eventual uso clínico contra la adicción a opioides. El plazo para presentar propuestas vence el 15 de octubre de 2026.

Parte de una ola de interés institucional

La convocatoria de ARPA-H no aparece de forma aislada: en los últimos meses, distintas agencias y estados de EE. UU. han anunciado programas propios vinculados a la ibogaína, desde fondos estatales en Texas hasta financiamiento del Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas (NIDA) para estudiarla junto a universidades como Harvard. La ibogaína, un alcaloide psicoactivo derivado de la raíz de iboga, ha generado un interés creciente por su potencial para reducir el síndrome de abstinencia a opioides, aunque también preocupa por sus riesgos cardíacos, que requieren supervisión médica estrecha durante su administración.

Qué sigue

Con el plazo de propuestas corriendo hasta octubre, se espera que en los próximos meses ARPA-H anuncie qué equipos recibirán financiamiento para avanzar hacia ensayos clínicos formales. Si el proceso avanza según lo previsto, podría convertirse en uno de los caminos regulatorios más rápidos que haya tenido hasta ahora un tratamiento con ibogaína en Estados Unidos.

Fuente: Psychedelic Alpha