En 1619, un catedrático de la Real y Pontificia Universidad de México se sentó a redactar un informe sobre una planta. El texto se perdió durante cuatro siglos, reapareció en una subasta en Bogotá en 2022 y hoy está en la biblioteca Memorial de la Universidad de Wisconsin-Madison. Su contenido explica el origen de la primera prohibición internacional de una planta psicoactiva de la historia.

Doce páginas y una pregunta de la Inquisición

El manuscrito, fechado el 28 de abril de 1619 y escrito en español y latín, se titula «Parecer de don Juan de Salcedo sobre el Peyote». Salcedo era rector de la universidad y consultor del Tribunal del Santo Oficio, que le había pedido dictaminar sobre «la raíz del peyote; el efecto que causa y su acción sobre quienes la toman y beben, tanto indios como españoles y negros».

El filósofo mexicano Osiris Sinuhé González Romero, investigador del Centro de Estudios Avanzados de la Universidad de Hildesheim, en Alemania, vio el documento expuesto públicamente durante un simposio sobre psicodélicos en Wisconsin a finales de 2023. Lo fotografió, y desde entonces trabaja con la universidad en su paleografía, traducción y estudio histórico. Tiene un artículo académico en preparación.

«La primera pregunta es cómo aparece este documento en Bogotá y no en México», señala Romero en una entrevista con The Microdose. El manuscrito no lleva sellos ni marcas de propiedad previa; según la información oficial formaba parte de la colección privada de un intelectual colombiano.

Un edicto que prohibió el peyote incluso donde no crece

Un año después del informe, en 1620, la Iglesia católica promulgó un edicto de prohibición del peyote con alcance internacional. Incluía México, Guatemala, Honduras e incluso Filipinas: territorios que eran jurisdicciones legales de Nueva España, pero donde el cactus no crece.

«Fue la primera política prohibicionista con alcance internacional», subraya Romero. «El manuscrito aporta información valiosa sobre cómo se desarrollaron esas políticas.» Y añade una conclusión que resuena hoy: «Podemos considerar esta prohibición del peyote como un antecedente directo de las políticas prohibicionistas actuales».

El miedo no era médico, era teológico

El texto de Salcedo recoge reuniones de líderes religiosos hasta ahora desconocidas. Los clérigos temían que el peyote impidiera convertir a los pueblos indígenas. Algunos ministros advertían que «el uso de esta raíz era supersticioso y servía para mantenerlos cautivos del demonio en manifiesta violación de nuestra Santa Fe Católica».

El manuscrito contiene además referencias indirectas a la estigmatización del peyote ya en la primera junta apostólica, cuando doce misioneros franciscanos llegaron a Nueva España en 1524. Las actas de esa reunión se consideraban perdidas. «Es interesante notar que el peyote fue un tema desde el inicio de su empresa evangélica», apunta Romero.

Lo llamativo: las autoridades reconocían las propiedades terapéuticas de la planta. La prohibieron igualmente, porque recordaba demasiado a las prácticas religiosas antiguas. Le pusieron el marco colonial de «raíz diabólica».

Bautizar al cactus para salvarlo

La prohibición no acabó con el uso. En el centro de México y en las ciudades coloniales hubo numerosos procesos inquisitoriales durante los siglos XVI y XVII, pero en el norte —territorio difícil, poco accesible— la evangelización fue desigual y las prácticas sobrevivieron. El peyote circulaba ampliamente: entre los nahuas, la población mestiza, españoles y afromexicanos.

Y apareció una estrategia de camuflaje que Romero considera doblemente interesante. El cactus empezó a llamarse Santa Rosa, Santa María, San Nicolás, incluso Niño Jesús. La tríada precolonial «maíz-venado-peyote» se asoció a la Santísima Trinidad. El fenómeno se repite hoy: hongos de psilocibina llamados San Isidro, semillas de la Virgen para referirse a la ipomea.

«Es una estrategia de supervivencia, por un lado, y por otro un ejemplo de sinergia espiritual e hibridación cultural», explica. «Gracias a esta estrategia fue posible preservar ese patrimonio cultural, especialmente por parte de los pueblos indígenas.»

Fuente: The Microdose

Imagen: «Flowering peyote cactus», Renegatus (Wikipedia) — CC BY-SA 3.0.