Kenneth Tupper lleva más de veinticinco años trabajando en la intersección entre política de drogas, salud pública y psicodelia. En una extensa conversación con el podcast Psychedelics Today, el investigador canadiense —doctor en Estudios de Educación por la Universidad de Columbia Británica— repasó dos décadas al frente de políticas de reducción de riesgos en esa provincia y advirtió que el actual auge clínico de los psicodélicos corre el riesgo de repetir errores ya conocidos si se los trata exclusivamente como fármacos.

De la reducción de daños a la ciencia psicodélica

Antes de que la palabra «psicodélico» volviera a ser aceptable en los círculos académicos, Tupper ya investigaba el concepto de entógeno: la idea de que plantas como la ayahuasca, el peyote o los hongos psilocibios pueden funcionar como maestras dentro de tradiciones indígenas. Esa mirada convivió con su trabajo de campo junto a DanceSafe, la organización pionera en el testeo de pastillas, y lo llevó a casi veinte años de servicio en el Ministerio de Salud de Columbia Británica, donde diseñó políticas de prevención, distribución de naloxona y servicios de consumo supervisado durante la crisis de sobredosis por fentanilo.

Qué falló —y qué no— en la despenalización de Columbia Británica

Tupper fue crítico con la manera en que se implementó la despenalización de la posesión de drogas en Columbia Británica. Según explicó, retirar las sanciones penales no alcanza si al mismo tiempo no se atiende la vivienda, el sistema de salud, el tratamiento de adicciones y, sobre todo, un suministro ilícito cada vez más contaminado. Comparó el caso canadiense con el modelo portugués y subrayó que ninguna política de drogas puede trasplantarse sin más de un país a otro: cada contexto social e histórico exige su propio diseño institucional.

Ayahuasca, consentimiento y los límites de la ley canadiense

Buena parte de la charla giró en torno a la investigación doctoral de Tupper sobre cómo el gobierno de Canadá gestionó una exención religiosa para una iglesia de Santo Daime. El especialista señaló las tensiones entre los marcos legales occidentales —pensados para sustancias aisladas— y el uso ceremonial de un brebaje cuya composición varía según el linaje y el facilitador, lo que complica el consentimiento informado cuando personas de otras culturas se suman a estas ceremonias.

Educar sobre drogas más allá de la abstinencia

Tupper cuestionó los programas escolares de educación sobre drogas, que a su juicio repiten la lógica de una educación sexual basada únicamente en la abstinencia. Propone en cambio una «educación entogénica», inspirada en pedagogos como John Dewey y Lev Vygotsky, que reconozca la curiosidad, el riesgo y el acceso real a las sustancias en lugar de limitarse a prohibir. Advirtió, además, que ampliar el acceso a los psicodélicos sin información de reducción de riesgos, tamizaje y atención al contexto —el llamado set and setting— puede generar los mismos daños que se buscan evitar.

Conviene remarcar que estas posturas provienen de un especialista en salud pública y no equivalen a una recomendación médica: la reducción de riesgos convive con la evidencia clínica, no la reemplaza, y toda experiencia con psicodélicos —ceremonial o terapéutica— conlleva riesgos que varían según la persona y el contexto. Sobre otras iniciativas para mitigar esos riesgos en ceremonias, el portal ya cubrió por qué las comunidades «tripsafe» son cada vez más urgentes, un enfoque que puede profundizarse en la guía completa de psicodélicos y en la categoría de Reducción de Riesgos.

Fuente: Psychedelics Today