Un candidato distinto a todo lo que ya existe

Los trastornos de ansiedad son de los diagnósticos psiquiátricos más comunes en el mundo, pero el arsenal farmacológico disponible casi no ha cambiado en décadas: los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) siguen siendo el tratamiento de primera línea, con una eficacia limitada para una parte importante de los pacientes. Una revisión publicada este mes en la revista Neuropsychopharmacology, de un grupo de la Universidad de Toronto y el Centro de Adicciones y Salud Mental (CAMH) de Canadá, sostiene que la psilocibina se perfila como un ansiolítico mecánicamente distinto a cualquier fármaco actual, con evidencia que converge desde estudios preclínicos, de neuroimagen y clínicos.

Lo que ya se sabe con más certeza

La evidencia clínica directa en trastornos de ansiedad todavía es limitada, pero consistente. Dos ensayos aleatorizados y doble ciego mostraron que una sola sesión de psilocibina en dosis alta produjo reducciones grandes y sostenidas de la ansiedad en pacientes con cáncer en fase avanzada: alrededor del 80% mantuvo mejoras clínicamente significativas seis meses después, con un tamaño de efecto considerado muy alto para los estándares estadísticos habituales. Un metaanálisis de seis ensayos doble ciego, que reunió a 528 participantes, confirmó además que los episodios de ansiedad aguda que puede provocar la propia sustancia durante la sesión son transitorios —suelen resolverse en 48 horas— y que el efecto ansiolítico terapéutico aparece en simultáneo, no después.

La comparación obligada: LSD

Los autores también repasan los resultados de MM120, una formulación de LSD (lisergida) evaluada en un ensayo clínico publicado en JAMA para el trastorno de ansiedad generalizada, que sirve como punto de comparación para entender qué tan específico —o no— es el efecto ansiolítico dentro de la familia de los psicodélicos clásicos.

Lo que todavía no se sabe

La revisión es clara en marcar los límites de lo que hoy se puede afirmar: la mayor parte de la evidencia proviene de poblaciones específicas, como pacientes oncológicos, y todavía hace falta investigación dedicada exclusivamente a trastornos de ansiedad sin comorbilidad de cáncer. Tampoco está resuelto el mecanismo exacto por el cual la psilocibina actuaría distinto a los ansiolíticos convencionales, aunque los autores apuntan a su acción sobre los receptores de serotonina 5-HT2A y a los cambios que provoca en la organización de las redes cerebrales.

Para los investigadores, la pregunta ya no es tanto si la psilocibina puede reducir la ansiedad, sino en qué población, con qué protocolo y con qué nivel de acompañamiento terapéutico conviene usarla.

Fuente: Neuropsychopharmacology (Nature)