Un estudio publicado en Frontiers in Behavioral Neuroscience encontró que la psilocibina, el compuesto psicoactivo de los hongos conocidos popularmente como «hongos mágicos», reduce de forma significativa el comportamiento agresivo en un pez especialmente combativo, sin alterar por ello sus interacciones sociales normales. Puede ampliarse el contexto científico de este tipo de hallazgos en nuestra guía completa de psicodélicos.

Un pez perfecto para medir la agresividad

El equipo, liderado por la investigadora Dayna Forsyth —entonces estudiante de maestría en la Universidad de Acadia, en Nueva Escocia, Canadá— trabajó con el pez de manglar Kryptolebias marmoratus, una especie anfibia conocida por su carácter naturalmente agresivo frente a otros miembros de su especie. Su comportamiento combativo es fácil de identificar y medir, lo que permite a los investigadores detectar incluso pequeños cambios de conducta. Una ventaja adicional: estos peces pueden autofecundarse y producir crías genéticamente idénticas, lo que permite minimizar la variación genética entre los ejemplares del experimento.

Menos ataques, misma vida social

Los investigadores colocaron a cada pez junto a otro ejemplar, separados por una malla que impedía el contacto físico pero permitía verse y olerse. Un día después de registrar su comportamiento basal, expusieron al mismo pez durante 20 minutos a agua con psilocibina disuelta y lo enfrentaron de nuevo al mismo ejemplar. El resultado fue claro: los peces tratados se movieron menos y mostraron muchos menos «estallidos» de natación agresiva —el tipo de maniobra que indica que un enfrentamiento está a punto de escalar a un ataque— que los no tratados.

Lo notable, según la autora principal, es que la psilocibina no apagó toda forma de interacción social: los despliegues menos costosos energéticamente, como las posturas de confrontación frontal usadas para «evaluarse» mutuamente, se mantuvieron prácticamente sin cambios. «Este compuesto parece atenuar de forma selectiva el conflicto social escalado, en lugar de apagar el comportamiento por completo», explicó Forsyth.

Qué podría significar para la investigación psicodélica

La bióloga Suzie Currie, de la Universidad de Columbia Británica y autora principal del estudio, subrayó que este tipo de modelos animales podría ayudar a entender mejor los mecanismos biológicos detrás del efecto de los psicodélicos sobre la conducta social, algo mucho más difícil de investigar directamente en personas. Los autores advierten, sin embargo, que los hallazgos no deben interpretarse como evidencia de un tratamiento para la agresividad humana: el experimento se hizo en peces, no evaluó ninguna intervención clínica y no permite establecer si ocurrirían efectos similares en personas. Un enfoque complementario sobre los mecanismos moleculares de los psicodélicos puede verse en nuestra cobertura de cómo los científicos desarman la molécula del LSD para hallar qué partes provocan las alucinaciones.

Preguntas abiertas para el futuro

Los investigadores planean ahora explorar cómo la psilocibina altera la señalización neuronal y qué vías de la serotonina están implicadas en este efecto selectivo, y por qué algunos aspectos del comportamiento social se ven afectados mientras otros no cambian —preguntas que, remarcan, son difíciles o imposibles de responder directamente en humanos. Más sobre investigación científica en psicodélicos en nuestra sección de ciencia.

Fuente: ScienceDaily / Frontiers

Foto: Mike Johnston (CC BY) vía Openverse.